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General Villegas
miércoles, 21 febrero, 2024

CASINOS RAROS: HAY QUE VER CADA COSA…

Como bien sabemos, la imaginación humana es ilimitada. Y se acrecienta aún más ante situaciones extremas, si  hay de por medio gente muy creativa, o cuando las circunstancias de un mercado fuerzan a encontrar un “diferencial”, ese “Santo Grial” de la innovación que permitirá a los empresarios distinguirse de la competencia.

Veamos tres ejemplos de casinos que rompen los moldes, demostrando que a la hora de imaginar entornos para los juegos de azar, no hay barreras.

El casino más pequeño del mundo (anda sobre ruedas)
Los concesionarios del casino Grosvenor, de Birmingham, Reino Unido, lanzaron en 2016 una iniciativa publicitaria que los llevó al libro Guinness de récords: Tomaron un típico taxi inglés y lo convirtieron en un mini casino itinerante.

Cuenta con una mesa de Black Jack y su respectivo croupier profesional, juegos de azar por Internet, televisores que transmiten eventos deportivos que aceptan apuestas, y hasta un bar. Su propósito era difundir la campaña “Play your way”, que ofrecía trasladar sin cargo a sus pasajeros hasta la sede del casino, en el centro de Birmingham, o a cualquier otro punto de la ciudad (como cortesía para los jugadores frecuentes) y la empresa donaba las ganancias generadas a una organización benéfica.

Jugando en la cueva
Coober Pedy, Australia, a unos 800 kilómetros de Adelaida, es un centro minero que explota la piedra semipreciosa Opalo. Alrededor de estas excavaciones se fue construyendo una ciudad peculiar. Ocurre que el clima es muy poco amigable con la vida humana. Es el de un desierto con temperaturas que pueden alcanzar los 50° centígrados, tormentas de arena e incluso una temporada de ciclones.

Pero el ingenio humano (y la ambición) todo lo pueden, y esa ciudad tiene una notable vida “bajo tierra”: el 60% de los habitantes viven en casas subterráneas, que fueron construidas aprovechando las máquinas excavadoras que hacían túneles para buscar ópalos. Hay bares, galerías comerciales, y un prestigioso hotel, el Desert Cave, totalmente bajo tierra, con 50 suites de alto nivel  y un casino VIP que tiene 15 mesas de Poker, tragamonedas y todas las atracciones de un casino mediano. Solo que a varios metros por debajo de la superficie. No apto para los claustrofóbicos.

Volar, volar
Si los hay bajo tierra y los hay rodantes, ¿Por qué no en el aire? Eso pensaron los directivos de AirJet Designs, para quienes el lujo no debe limitarse a los jets privados de millonarios. Por eso convirtieron un Boeing 777 en un casino con alas. Pensado para vuelos chárter de larga distancia, esta empresa francesa transformó al avión en un suntuoso salón volador, para ofrecer “nuevas experiencias en vuelos largos”.

Tiene mesas y máquinas con todos los juegos típicos de un casino, razonable espacio para socializar, y un bar. Sus creadores declaran que apostaron a recuperar la atmósfera glamorosa de los casinos, inmortalizada en películas como las de James  Bond y otras clásicas que fijaron al casino como un lugar fascinante. Pero ahora en las nubes.