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General Villegas
sábado, 15 mayo, 2021

El bichito de la competencia volvió a picar a Juan Urdampilleta

El «Vasco», integrante de una recordada generación dorada del básquet villeguense, volvió a la competencia. Ahora lo hace en un maxi básquet de la ciudad de Rosario, donde vive hace 21 años. El amor por la naranja no tiene fecha de vencimiento.

Dicen que la pasión no puede esconderse. Uno puede cambiar de pareja, de religión y de ideología, pero nunca de pasión. Uno puede elegir no prestarle atención y enfrascarse en los problemas familiares y laborales, o preocuparse por las constantes crisis que atraviesa el país y hasta por el terrible contexto sanitario mundial en medio de la pandemia. Pero la pasión siempre está allí y, cuando le damos un ápice de espacio, vuelve con energías renovadas para mostrarnos nuestro verdadero yo.

Algo así le sucede a Juan Urdampilleta, este villeguense que hace 21 años está radicado en Rosario donde estudió licenciado en Comunicación y Periodismo Deportivo y actualmente trabaja en el mismo Instituto donde se formó (aunque ahora lo hace en el nivel secundario).

Juan tiene una familia, dos hijos, responsabilidades… Como cualquiera de nosotros. Pero su pasión por la Naranja pudo más y, hace muy poco tiempo, retomó la práctica del básquet. El bichito de la competencia lo volvió a picar.

«Es un maxi básquet, de 35 años para arriba. Es algo interno de la ciudad de Rosario, donde participan ex jugadores de una liga rosarina muy buena y profesional. Son todos ex jugadores que tienen una gran experiencia. Tenía ganas de volver a sentir esa adrenalina que disfruto tanto. El deporte es lo que siempre respiró mi familia», comentó Juan, quien proviene de una familia que abraza el deporte: su padre ha dado la vuelta al Partido en bicicleta y su abuelo es un emblema del atletismo villeguense.

La generación dorada del básquet villeguense

El «Vasco», como se lo conoce en General Villegas, fue parte de una generación que puso al básquet nuevamente en la mesa, que le dio visibilidad y que le abrió la puerta a nuevas generaciones de chicos que hoy deciden picar la naranja en vez de patear la número 5.

Además, integró aquel plantel de Atlético que en el año 2000 ganó el primer Torneo Juvenil de básquet. Todo ello de la mano del técnico de Bernardo Ochoa.

«Son muchas emociones cuando rememoro esa época. Recuerdo con mucho cariño a los que formábamos parte de ese plantel. Jugué en Eclipse un año y me di cuenta que el fútbol no era para mí. Empecé en CEF, era media hora de handball y media hora de básquet. Luego llegó Bernardo, que formó esa magia en el Club Atlético y acompañó a los chicos de toda una generación que teníamos muy distante el básquet. En ese momento no era como hoy, era todo muy autodidáctico. También fue mucho el empuje que tenía Bernardo que nos compartió esa pasión por el básquet. Nos hemos codeado con equipos y ciudades que tenían un desarrollo basquetbolístico muy importante y demostramos, de a poquito, que se podía», sostuvo Juan.

«Bernardo tenía una manera muy particular de contagiar. O lo querías o lo querías matar. Pero me dio disciplina, responsabilidad… me formó. Parte de la disciplina que uno tiene en la vida en general es por el deporte y por lo que él nos inculcó en el básquet», reconoció.

Desde el 95 al 99 fueron años de éxitos y medallas en bonaerenses: dos de oro, una de plata y otra de bronce. En el 2000 fueron campeones juveniles y viajaron a Estados Unidos por haber obtenido ese triunfo.

La continuidad de Willy Imbach, Christian Baragiotta, Mauro López y Federico Mateo, y la hermosa cancha de parquet que inauguró Atlético, fueron disparadores para volver a picar la Naranja.

«Se pierde el estado físico pero no la magia, como decía Maradona. Esos chicos mantienen esa magia aunque sea desde la intención o las ganas. Cuesta ir a entrenar de noche y volver a casa, pero ellos lo hacen con una naturalidad que envidio. Esa generación fuimos pioneros en contagiar esa pasión por el deporte. Que los chicos lo aprovechen y lo disfruten. Siempre alrededor de la naranja», concluyó Juan.