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jueves, 19 mayo, 2022

Entrevista: Cantar y vivir a lo Volonté | Por Celina Fabregues*

Darío Volonté es una de las mejores voces del panorama lírico y popular del mundo. El tenor argentino es además, uno de los sobrevivientes del hundimiento del Crucero General Belgrano, durante la Guerra de Malvinas. Tenía apenas 18 años, cuasi adolescente, como nuestros Fabián Siri y Juan Tula.

Después de un sinuoso camino por el olvido de la posguerra, distintos trabajos y el coro en una iglesia, reconoce a su libertad como la fuerza que le permite cantar cuándo, dónde y con quién quiere. Puede alternar la Scala de Milán, la Ópera de Roma, el Teatro Colón de Buenos Aires o la Ópera de Berlín, con una presentación «al bolso marinero» en la plaza de un pueblo de 500 habitantes.

El proyecto más cercano de esta especie de Caruso del siglo 21, que como lo hacía el más grande tenor de la historia, pasa parte de su tiempo interpretando canciones populares en pequeños espacios improvisados en plazas, parques o paseos, está ligado al plan de acondicionar una motorhome para recorrer el país, pueblo por pueblo, con un repertorio popular, a veces solo y otras veces, acompañado de su compañera de vida, la mezzosoprano francesa de origen croata nacionalizada argentina, Vera Cirkovic, con quien produce gran parte de sus presentaciones.

Volonté no es solo un gran artista. Tampoco es solo una gran persona. Es un hombre apasionado de su energía vital que ha transformado en arte, sin desatender el mensaje que le dejó el universo: vivir para contarlo y para cantarlo.

Cuando lo contacté para concertar una entrevista, para el programa Cuidarte+, que sale al aire los sábados de 9.30 a 12 horas, por FM Villegas, pensé que quizá me respondería un mananger o un agente de prensa, sin embargo, él mismo contestó inmediatamente. Cuando lo llamé, su teléfono daba ocupado, pero unos minutos después, se comunicó para concretar la nota para el día siguiente. Era el hombre superando al artista. En medio de una realidad cotidiana, donde la fama inmediata, virtual y efímera es regla corriente, la voz amable y respetuosa de un artista superlativo al teléfono, fue un bálsamo.

Un periodista primero al que luego se sumaron otras personas, comenzaron a llamarlo «el tenor del pueblo», por su negativa a quedarse en el pedestal de los grandes escenarios y elegir alternar su carrera internacional con la decisión de concentrarse «más en Argentina, en la versión concertística de nuestro laburo y la más popular, que va de acuerdo con lo que hago.»

Esta versión concertística, que se traduce en distintos espectáculos, suelen cerrarse de una manera muy especial. «Dentro de los formatos que venimos desarrollando y que comenzamos con Vera hace unos cuatro o cinco años atrás, se nos ocurrió acercar lo que llamamos a la bolsa, a la gorra, a voluntad, a Volonté (que en francés significa voluntad). Esto no es nada nuevo, porque como digo muchas veces en los conciertos, en 1890/95, Caruso ya cantaba en plazas de toros, o en cualquier otro lugar donde se reuniera muchísima gente, como bibliotecas, en paralelo a su tremenda carrera. Caruso venía de una típica familia italiana de laburo, de 10 o 12 hermanos, que mantenía una conexión con el público a través de la música popular.»

«Esta idea que partió de Vera, es para poder llegar al que puede mucho, poquito, para el que no puede nada, para que todos tengan posibilidad de conocer esta música que desde hace 28 años estoy cantando, cuando debuté en el teatro Avenida en 1994», dice Darío.

Esto de pensar en espectáculos al aire libre, que había iniciado incluso antes de la pandemia, fue «como algo profético».

Sus conciertos también están pensados para una estructura de teatro, con equipos propios o de los espacios que los contratan, ya «sea con un productor privado que nos lleve, como venimos haciendo durante años o poniendo cuatro o cinco bolsas en el teatro, para que la gente las llene a gusto y voluntad.»

El artista que quiere salir a cantar a plazas, bibliotecas y parques del interior, en lugares adonde no hay teatros cree que «cada pueblito tiene una forma de romanticismo y un público muy ávido de escuchar este tipo de música. Como se decía en la época de Pavarotti, de popularizar la excelencia. Es algo que han hecho artistas populares como Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, José Carreras y yendo más hacia atrás, Beniamino Gigli, Mario del Monaco y aún más hacia atrás, el mítico Enrico Caruso, que es el Santo Grial de los tenores.»

Vera, su compañera de la aventura artística y de la vida, hacía unas horas bajaba del avión tras 40 días de presentaciones en la Ópera Nacional de Montpellier, en Francia, en una obra compuesta por ella, sobre textos de Baudelaire, Rimbaud y Verlaine, los famosos poetas malditos y música de Léo Ferré.

Conoció a su mujer en su debut operístico, después de haber cantado zarzuelas en el Teatro Avenida de Capital Federal. Fue en medio «de la ópera Tosca de Giacomo Puccini, durante el Festival de Música de Buenos Aires que organizó mi mecenas, Carlos Gusmerotti, que fue quien me ayudó a probar suerte en Europa, a partir de Italia y mi periplo en el resto del mundo.»

En ese momento, ambos tenían pareja pero unos años después, cuando los dos habían finalizado sus relaciones, y tras cruzar escenarios en distintos teatros del mundo, en el año 2002 se radicaron en el barrio de San Cristóbal de la capital argentina.

«Hace muchos años que cantamos juntos, aunque ella tiene su estructura y su carrera por su lado y yo la mía, también tenemos estos formatos a la gorra con conciertos populares o los conciertos académicos, donde trabajamos juntos», cuenta el tenor.

El Crucero General Belgrano 

El tenor con una de las balsas del Crucero

Después de la muerte de su papá cuando era muy chico, en 1979, con 15 años y la necesidad de aportar una entrada para ayudar a su mamá, decidió entrar a la Escuela de Mecánica de la Armada, para hacer el curso de maquinista, porque le ofrecían un sueldo, sin sospechar que tres años más tarde se subiría a un tren con destino a Bahía Blanca para sumarse al combate en plena guerra de Malvinas.

Darío tenía 18 años cuando los torpedos ingleses, lanzados al crucero General Villegas el 2 de mayo de 1982, provocaron una explosión que provocó la muerte de 323 tripulantes, algunos de ellos en el primer instante del ataque y el resto en las balsas por las heridas, el frío o el oleaje que se los llevó a lo profundo. En la sala de máquinas, un adolescente fue uno de los 770 argentinos que sobrevivieron a las heladas aguas del Atlántico Sur.

«Malvinas es parte fundamental de mi historia de vida. Originalmente no era del Crucero Belgrano, sino que fui asignado a la Fragata Libertad. De allí es que conozco el famoso bolso naval que nos acompaña a todos los que pasamos por la Marina, y aún me sigue acompañando. A principios del ´82 hicimos una navegación por Mar del Plata, Montevideo, volvimos a dique seco, donde la fragata queda en reparación y entre el 13 o 14 de abril, no lo puedo decir exactamente, después de un franco de fin de semana, cuando llego al apostadero naval (que hoy es Puerto Madero), veo en una lista mi nombre: Cabo segundo Volonté, asignado al Crucero General Belgrano, porque se necesitaba para la navegación de combate, refuerzos de maquinistas y electricistas», recuerda Darío.

Volonté cuenta que hubo casos de muchos veteranos conscriptos que eran de clase 62, hubo menos cantidad del 63 e incluso algunos del 64, que eran del escalafón de servicios, que hacían un año de curso y se encontraban ahí con dieciséis o diecisiete años.

Provincia de Malvinas

Sobreviviente del Crucero General Belgrano

«A principios de este año, explica Volonté, cuando vienen cifras tan contundentes, como los 40 años de los sucesos, desde la dialéctica, de las palabras, se puede tomar conciencia un poco más profunda de la situación y todo se siente como algo lejano, sin el valor que uno sabe que tiene, en todo sentido: económico, emocional, soberano, legal. Aunque legalmente sea parte del territorio de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, está como metida ahí, en un montón de nombres, pero si uno dice provincia de Malvinas, se siente como algo más cercano y contundente, saber que tenemos una provincia que está ocupada y con fallos de Naciones Unidas a favor nuestro.»

Darío está convencido de que nuestra Patria, que somos todos, podría cambiar a partir de la dialéctica que siempre aparece para fagocitarnos y dividirnos. Las diferencias por encima de las coincidencias. Los defectos por sobre las cosas que nos destacan, pero «si se piensa al otro como un compañero, como un compatriota y, se piensa en la Pachamama, en la madre patria Argentina y en la provincia de Malvinas y más allá de nuestras diferencias, pensar más de manera patriótica (patriótica viene de patria; patria viene de padre) y nos enmarcamos en ese patrón del pensamiento, desde lo psicológico, desde lo semántico, podemos transformarnos en una gran Nación, superar todas estas diferencias políticas y sociales que nos dividen y construir la gran nación que en un momento fuimos.»

Aunque pareciera que textualmente nos alejamos del inicio de la conversación, volvemos al principio. Unirnos, sostenernos, colaborar unos con otros, apoyarnos, asistirnos, como una columna vertebral que nos sostiene como Nación, es lo que Volonté plantea construir desde el arte. El trabajo de un artista internacional que se para frente a diez, quinientas o miles de personas, para que lo escuchen cantar.

El gran tenor argentino está invitado a Villegas. Y prometió su visita porque según dijo: «de alguna forma estaremos ahí, en el teatro, con un productor privado, o a la gorra en la plaza de Villegas y en una de esas, si ya tenemos la motorhome, hacemos algo en la plaza y algo en el teatro, para que en un mismo fin de semana, sábado y domingo, llevemos alegría a los que están dentro y los que están afuera.»

Que suene Aurora. Que vuelva Turandot y ¡nessun dorma! porque el tenor tiene listo su bolso marinero, para que este hombre que agradece al universo por su destino, cante a lo Volonté: Tramontate, stelle! Tramontate, stelle!… All’alba vincerò! vincerò! vincerò!

*Celina Fabregues es periodista. Conduce Cuidarte Más por FM Villegas, los sábados de 9,30 a 12 horas, programa que se repite a las 19 del mismo día.