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General Villegas
martes, 29 septiembre, 2020

La voz del campo: El sector agropecuario, las asimetrías arancelarias y cambiarias, y la expectativa post acuerdo de deuda

Como todas las semanas (cada miércoles, a las 9 horas) la Sociedad Rural del Partido de General Villegas tuvo su espacio en FM Actualidad. En esta oportunidad Santiago Rodríguez Ribas hizo un pormenorizado análisis de la economía y de las asimetrías arancelarias y cambiarias que afectan puntualmente al sector agropecuario y distorsionan la actividad productiva. Habló del acuerdo por la deuda y del escenario que se abre a partir de dicho acuerdo. 

 

Las asimetrías y las decisiones arbitrarias -que se toman en relación a reglamentaciones que afectan directamente a la producción- cambian nuestro esquema productivo, alteran y modifican de manera muy determinante nuestro negocio y nuestros ingresos.

El ejemplo más emblemático es la soja. Lo mismo puede aplicar a cualquier otro cultivo, también a la leche o la carne, pero la soja es la más evidente, la más comparable y la que presenta mayores distorsiones. Tenemos como espejo para compararnos a nuestros vecinos uruguayos del otro lado del Río de la Plata. Ellos también producen soja y compiten con nosotros en la exportación. Argentina produce entre 50 millones de toneladas de soja. De esos 50 millones, 10 se exportan como poroto y 40 se exportan como harina y aceite. Tomemos el poroto para compararnos con Uruguay: un productor uruguayo produce una tonelada de soja y por esa tonelada que entrega en puerto le dan en mano 350 dólares; mientras que un productor en Argentina -cuya única diferencia es estar del otro lado de la frontera- por esa misma tonelada de soja obtiene en el puerto 145 dólares billete. Esa asimetría es extremadamente marcada e injusta para el productor argentino.

La diferencia entre lo que percibe el productor uruguayo y el argentino es fundamentalmente impuestos. Los impuestos se dividen en dos grandes grupos: el primer grupo son las retenciones 33% y el otro es la diferencia del tipo de cambio.

¿Cómo afecta la asimetría cambiaria al productor?

Hoy la Argentina convive con un esquema macroeconómico con tipos de cambio múltiples. El peso argentino, de acuerdo al rubro o categoría en la que entra, puede obtener dólares a diferentes valores. Hay un tipo de cambio oficial en el cual los pesos se convierten a dólares en el orden de los 72 pesos por dólar. En ese tipo de cambio no se accede al billete. Tenemos otro tipo de cambio que es el de ‘contado con liquidación’, que es libre y legal: uno se puede hacer de dólares a un valor que está en el orden de los 120 pesos por dólar. Después hay un tipo de cambio ilegal, que se menciona en todos lados como ‘blue’ y que es un tipo de cambio minorista a través del cual cualquier persona puede hacerse con dólares a un valor de 140 pesos por dólar.

El acuerdo por la deuda trajo cierta tranquilidad en todo ese mercado cambiario. El tipo de cambio oficial está contenido y no se movió, mientras que los tipos de cambio ‘contado con liquidación’ y ‘blue’ bajaron un poco porque ese acuerdo le otorga al mercado cierta tranquilidad. Al darle certeza a los compromisos que va a enfrentar el gobierno en los próximos años, que son en dólares, eso da cierto alivio financiero y disminuye la presión sobre el tipo de cambio en el mediano plazo.

Argentina tiene una larga historia de conflictos con su tipo de cambio y el conflicto no es con el dólar, sino que es con el peso. Producto de políticas macroeconómicas erradas, de incertidumbre, de exceso de emisión y de exceso de gasto público, el peso se devalúa en relación con otras monedas fuertes. Cuando las brechas son tan importantes, como la de ahora, se vuelven imposibles de mantener en el tiempo. No se puede mantener durante tanto tiempo una brecha del 50 o del 100% entre el dólar libre y el oficial. Necesariamente tiende a corregirse porque esa asimetría en la economía se torna imposible. El gobierno intenta que el comercio exterior se rija por ese tipo de cambio de 70 pesos, cuando el tipo de cambio real y libre es de 120. Eso quiere decir que las cosas que se importan o exportan se hacen a una variable económica totalmente desfasada de la realidad.

Si el gobierno vendiera dólares a 70 pesos, los estaría regalando. Cuando yo importo algo lo importo a 70, es decir que me están regalando dólares. Pero cuando exporto algo me pagan 70, entonces me pagan mucho menos de lo que vale mi exportación. Eso es lo que le pasa al productor. El productor exporta su producción e importa insumos. Es mucho más lo que exporta que lo que importa. Está sufriendo una lesión inmensa en sus ingresos y eso puede compararse con los productores uruguayos que, por una tonelada de soja, reciben 350 dólares y nosotros 145. Tenemos un descuento de más de 200 dólares respecto a los competidores uruguayos.

La asimetría de la actividad agropecuaria en relación a otros sectores 

Dentro del territorio nacional también nos podemos comparar con otras actividades y ninguna actividad soporta una retención del 33%. Retenciones es un nombre de fantasía, porque en realidad es un derecho de exportación. No nos están reteniendo nada, se cobran el 33% de nuestros ingresos en forma directa. No es una retención que luego devuelvan, sino que es algo que directamente el Estado recauda y se queda. Es decir que de cada tres camiones que llegan al puerto, uno se lo queda el Estado. Esto no le pasa a ninguna otra industria, ni a ningún otro sector dentro del territorio nacional. Hay fuertes diferencias entre los sectores y por eso el sector agropecuario reclama ser discriminado.

Lo que se está tratando de poner en evidencia en ese reclamo es que nuestro esquema impositivo es mucho más alto que el de la mayoría de las industrias y actividades económicas del país.

La industria aceitera, la molienda, está pidiendo un diferencial arancelario para sus producciones: que la exportación de harina y aceite, en vez de pagar el 33%, pague el 30 o el 25% en relación al poroto que paga 33%. Eso lo justifican diciendo que es una producción que tiene valor agregado y que debería ser incentivada. Es cierto que hay un grado de elaboración y que eso significa avanzar en la cadena productiva y avanzar en el componente de valor agregado. Eso siempre es algo deseable: todo lo que uno pueda agregar en origen es trabajo argentino y es mejor. La discusión no es esa, la discusión es ¿por qué esa diferencia arancelaria la tiene que poner el productor? Si le bajan las retenciones a una parte del complejo, la industria sigue comprando como si pagara el 33% pero cuando exporta lo hace al 30%. Ese 3% de diferencia se lo queda la industria y lo pone el productor de su bolsillo. La discusión no es si es una política adecuada darle un beneficio a la industria por agregar valor, sino que la pregunta es ¿por qué esa diferencia la tiene que poner el productor?

Acuerdo por la deuda

El acuerdo es un motivo para celebrar. Es indiscutible. Era una negociación extremadamente compleja e independientemente de las diferencias hay que celebrar el acuerdo. Era una negociación que involucraba muchísimos intereses, por lo cual haber llegado a un acuerdo es motivo de celebración.

El gobierno, desde que asumió, trazó esta línea de ruta: hasta que no tuviera un acuerdo no iba a anunciar un plan, porque no podía anunciar un plan sin saber los recursos con los que iba a contar. Ahora todos estamos esperando esa definición.

Veníamos de una mala situación económica y a esa situación se le agrega la caída en el producto bruto a causa de la pandemia y la cuarentena. El campo ha apoyado y ha seguido trabajando siempre. En estos casi 100 días de aislamiento nunca faltó alimentos en las góndolas. El campo siguió trabajando con todo el riesgo que eso implica, pero también con toda la responsabilidad y el privilegio que significa poder trabajar en una Argentina como la de hoy. Somos prácticamente el único sector que puede cargar un camión, venderlo, cobrarlo y con eso pagar cuentas. El resto de los sectores en general están parados y no pueden hacer ninguna de esas cuestiones tan básicas. Estamos con la expectativa de una recuperación de la actividad porque es insostenible esta situación.

Esta salida va a poner en evidencia todas las falencias y asimetrías que teníamos antes. No podemos soportar este nivel de presión impositiva. En algún momento el Estado va a tener que bajar impuestos, no solamente al sector agropecuario sino a las actividades económicas en general. El Estado presente puede ser una Bandera, pero la realidad es que los que generan empleo, actividad, riqueza y distribución de esa riqueza son los privados, a través de las empresas. De esta recesión se sale con trabajo privado, que es lo único que puede activar la economía.

¿De qué manera vamos a salir de esta situación? ¿De qué manera van a corregir estas asimetrías? ¿De qué manera el tipo de cambio oficial y el libre van a acercarse a un valor que sea el mismo? ¿De qué manera van a bajar las tasas de interés? ¿De qué manera van a reducir el gasto público? ¿De qué manera van a equilibrar las cuentas fiscales? Eso es lo que todos estamos esperando poder escuchar.

 

*Santiago Rodriguez Ribas
Ingeniero Industrial y Master en Administración de Empresas
Miembro CREA Ameghino
Productor Agropecuario y Administrador de negocios agropecuarios en una amplia zona de la Provincia de Buenos Aires.