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General Villegas
miércoles, 30 septiembre, 2020

La voz del campo: «El productor debe gastar las mismas energías en mirar pronósticos que en ver cuánta agua tiene almacenada en el suelo»*

El agro es una industria a cielo abierto que depende -y mucho- del clima. Las consecuencias de los fenómenos climáticos (sequía, inundación o granizo) se traducen en dólares y se reflejan en la economía de nuestro país: tanto si hablamos de cosechas récord como en el caso de rindes magros. Esas variaciones del clima se han vuelto cada vez más extremas en los últimos tiempos. En este contexto de sequía, desde la columna «La voz del campo» hablamos con Federico Bert, un especialista en el tema, para saber cómo impactará en el sector productivo. ¿Qué decisiones se pueden tomar para sobrellevar el fenómeno de la Niña que se avecina?

 

La industria agropecuaria depende fuertemente de las variaciones del clima. Cuando el clima va bien a la producción le va bien y cuando va mal a la producción le va mal. Como es una actividad muy importante para la economía argentina, todo lo bueno o lo malo que le pase al campo resiente a la economía del país. Estamos transitando una sequía bastante severa, principalmente en algunas regiones como parte de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y La Pampa. Normalmente en el invierno en gran parte de la Argentina, y Villegas es un claro ejemplo de eso, llueve poco. Es el régimen de lluvias natural que tiene gran parte de la región pampeana. En general los cultivos y los pastizales naturales suelen crecer por el agua que hay almacenada en el suelo o en las napas. Pero no siempre está esa napa y por eso a falta de lluvias vemos que se resiente la producción.

De cara a futuro hay noticias que no son tan alentadoras y otras que puedan dar un poco de ánimo. Lo no positivo es que hay razones para pensar que las lluvias pueden estar por debajo del promedio en lo que resta del año. Esas razones tienen que ver con el fenómeno del Niño que tiene 3 fases: fase del Niño, fase de la Niña y fase neutra. Lo que varios centros de pronóstico anticipan es que estamos empezando a transitar la fase de la Niña. Según cuentan las estadísticas históricas climáticas de nuestro país, durante la Niña tiende a llover menos. Lo contrario suele pasar con el Niño, que llueve más de lo normal en el período de octubre, noviembre y diciembre. Saliendo de ese período no hay grandes diferencias, por lo cual uno puede pensar que a partir de enero, febrero y marzo habrá cierta normalidad.

Lo positivo es que hemos aprendido que los cultivos no viven solo con el agua de la lluvia que va cayendo mes a mes, sino que pueden tomar parte de lo que necesitan de lo que está almacenado en el suelo. El suelo es como una esponja que actúa como reservorio de agua y es lo que está almacenado en las napas. Hay ciertas zonas donde puede haber agua almacenada en el suelo o una napa a una profundidad donde los cultivos la puedan alcanzar. Esto permite que los cultivos, aún lloviendo poco, puedan crecer bien porque sacan el agua de esa reserva. Hemos aprendido mucho de eso, cuando en años secos se sacaron buenos rindes.

¿Cómo afrontar a la Niña?

No hace falta poder anticipar cuánto va a llover para que el agricultor pueda tomar decisiones que lo dejen mejor preparado ante una sequía. Saber que tenemos enfrente a una fase la Niña nos permite saber que ni noviembre ni diciembre van a ser un buen momento para que los cultivos estén definiendo su rendimiento. La alternativa es sembrar un poco más tarde, de manera tal que la aceleración del maíz ocurra en febrero, en donde no tenemos razones para pensar que vaya a llover menos. Sin saber exactamente cuánto va a llover, pero teniendo la pista de que va a llover menos, se puede tomar una decisión que en términos de riesgo agropecuario puede ser muy positiva. Los agricultores llevamos 10.000 años tratando de hacer esto. Últimamente lo hacemos mejor porque la ciencia ha avanzado y tenemos más información, no solo del clima sino de cómo tomar mejores decisiones. Se pueden hacer maniobras para tener un impacto menor cuando las cosas no son tan malas. Ahora, si deja de llover durante 5 meses va a ser inevitable tener impactos negativos fuertes.

Las opciones de «Jardinería» y «Plomería»

La napa es agua que está debajo del suelo. Es un arma de doble filo porque si está en una zona óptima (entre un metro y dos) tiene un efecto muy positivo ya que puede proveer de agua a un cultivo cuando no llueve. Pero si sube más y se acerca a superficie tiene un efecto negativo: primero porque los cultivos rinden menos y segundo porque si la napa sube a superficie eso es un anegamiento. Desde la producción se analiza cómo atenuar eso: que la napa no esté ni tan arriba ni tan abajo. Una de las opciones, que los investigadores llaman opciones de «Jardinería», tiene que ver con el uso del suelo. Hay cultivos que consumen más que otros y son una opción para poder consumir agua cuando queremos bajar la napa. A la inversa, cuando hay cultivos que consumen menos o que consumen en distintos momentos del año pasan a ser una opción interesante para situaciones como la actual, donde quizás la napa está profunda y encima hay chances de que llueva menos en el futuro. Hay productores que deciden uno u otro cultivo con la idea de gestionar mejor la dinámica de esa napa.

La otra solución es la de «Plomería», que es lo que tiene que ver con obras civiles para evacuar los excedentes o hacer reservorios. Eso es un complemento a la «Jardinería», pero requiere una inversión y los recursos no siempre están para que esas obras sean posible.

Un aporte al productor

Cuando climáticamente las cosas no van bien, el productor mira todo el tiempo los pronósticos porque es el elemento que tiene para tratar de anticipar el futuro. Han mejorado mucho esos pronósticos, pero todavía tienen un margen de incertidumbre porque no se trata de una ciencia exacta. El productor debe gastar las mismas energías en mirar pronósticos que en ver cuánta agua tiene almacenada en el suelo o a qué profundidad puede estar la napa. Esa información es tan importante como la del pronóstico y no tiene margen de incertidumbre. Como aporte principal diría: miremos los pronósticos, pero invirtamos energía en ver cuánta agua tenemos almacenada y dónde está la napa. Esto nos permite definir las estrategias defensivas si lo que tenemos por delante es una situación en la que va a faltar agua.

 

*Federico Bert es Ingeniero Agrónomo y Doctor en Ciencias Agropecuarias de la Facultad de Agronomía (UBA). Fue becario doctoral y postdoctoral e investigador de CONICET. Fue consultor de empresas y organismos públicos del sector agropecuario y co-fundador de dos emprendimientos privados y uno público de informática aplicada al agro. Desde 2015 es director de Investigación y Desarrollo de CREA.