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jueves, 13 agosto, 2020

Marcos Mangas y el recuerdo de Silvio Marzolini

Días atrás falleció Silvio Marzolini, un emblema del Club Atlético Boca Juniors y un baluarte del fútbol argentino. Marcos Mangas, charlonense por adopción pero nacido en Buchardo, lo conoció mientras hacía las inferiores en el Xeneize, allá por la década del 90. En ese momento Marzolini era el coordinador de las inferiores del club de la Ribera. En una entrevista en el programa radial «Con todos», Mangas recordó la figura sobria del lateral izquierdo, el respeto que despertaba su sola presencia y los consejos que impartía al final de la práctica.

Marcos Mangas nació en Buchardo en el año 1978. Desde muy chico empezó a jugar al fútbol. ¿Su puesto? Arquero. En el año 1992 surge la posibilidad de ir a probarse a Boca. Allí, en La Candela, Marzolini era el encargado de recibir a todos los pibes que venían con el bolso cargado de ilusiones.

Quedó fichado y con 13 años se mudó junto a su familia a Buenos Aires. Hizo novena, octava, séptima y sexta en Boca, saliendo campeón en novena, octava y séptima.

«Marzolini era un tipo serio, de muy pocas palabras. Era una persona que te agarraba del hombro y te daba un consejo. Él miraba los partidos y no te gritaba nada. Si tenía que corregirte algo te llamaba cuando terminaba el partido, te tomaba el hombro y te daba el consejo. Imponía mucha presencia. Todo el mundo se daba cuenta cuando Marzolini estaba en la cancha», lo recuerda Mangas.

El triunfo de Macri en las elecciones presidenciales del club implicó el final de Marzolini como coordinador de las inferiores y el comienzo de la era Griffa. Eso significó la partida de Mangas de Boca, quien hizo sexta, cuarta y tercera en Chacarita. Pero en el Funebrero no le firmaron nunca el contrato como arquero profesional y por eso, a los 20 años, emigró al Club Atlético Ituzaingó que estaba en la C y era dirigido por el ruso Zielinski. Allí jugó dos años y luego tuvo un paso por Yupanqui, Lugano y Midland.

A los 26 años decidió priorizar su trabajo y dejó el fútbol.

«A los 27 años me fui a Charlone. Nació mi hijo Valentín y quería alejarme de la ciudad, buscar una alternativa de trabajo en el campo. Tenía el proyecto de armar un tambo y ese proyecto se hizo realidad», cuenta Mangas.

Actualmente sigue ligado al fútbol pero a través de su hijo, quien juega de defensor en las inferiores de Sarmiento de Junín.