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General Villegas
viernes, 10 julio, 2020

«Nací en Junín, estudié en Rosario y soy de Banderaló»

Este es el mensaje que el doctor Adrián Polito leyó en la cena que se organizó para agradecer su permanencia en Banderaló por 37 años, atendiendo en el Centro de Salud.

«Buenas noches a todos y gracias por venir. Me gustaría ser breve y justo, ¡qué difícil!
Es mucho lo que tengo para agradecer y es imposible hacerlo sin nombrar a algunas personas. Personas que incluyen a absolutamente todos los banderolenses.

Primero a mi familia, fundamentalmente a María Rosa, que supo adaptarse y comprender la realidad, aportando su mirada crítica y objetiva, posponiendo cosas personales para acompañarme y así cumplir con mi tarea profesional. Tarea que si bien ha sido demandante, me permitió espacio para estar cerca de mis hijos la mayoría de las veces. Ya sea compartiendo actividades recreativas, cumpleaños, egresos escolares… El trabajo más comprometido siempre estuvo y está a su cargo.

Agradezco el apoyo desde el primer día y hasta hoy del Hospital Municipal y el sector privado de General Villegas. Durante todo este tiempo se mantuvo una relación muy cordial y afectiva con médicos, enfermeros, administrativos, mucamas, sección laboratorio, rayos, farmacias. Nunca una situación conflictiva.

Imposible no recordar los primeros colegas que conocí: los doctores Rodríguez, Fogazzi, Flores, Azcona, Lamas, Fumagallo, Bilotta, Chalhon, Brozzi, Schroh. Me acompañaron con afecto y cuando me equivoqué me corrigieron con respeto profesional. Luego se fue sumando gente nueva y siempre bien predispuesta hasta hoy, gente joven con ganas que ante un llamado responden «bueno, mandámelo». Pero sin duda, llegar hasta hoy teniendo esta relación médico-paciente hubiese sido imposible si no fuera por las características de todos. Y que se entienda bien: todos los banderolenses.

Me han hecho sentir a mí y a mi familia el afecto desde el primer día abriéndonos las puertas de todas las casas de forma sincera, desinteresada y con muchísimo respeto. De ahí en adelante fue todo muy fácil.

Siempre traté de ejercer medicina responsable con humor. Creo que todos se han ido del consultorio alguna vez con una sonrisa por algún cuento o una historia. Hay muchas anécdotas y me han hecho muchas bromas, tanto adultos como adolescentes, pero siempre con el ida y vuelta respetuoso.

Traté que todos mis pacientes se sintieran iguales en la asistencia. Valoro los muchos secretos confesados en el consultorio y siempre respetados. Estuvimos juntos en momentos de tremendo dolor y seguimos estando, viviendo como se debe y se puede, disfrutando y compartiendo alegrías y emociones como hoy.

En las comunidades chicas la relación es directa y permanente: no hay otra forma.
Por eso quiero recordar a algunas personas que no son las únicas, pero representan a todos ustedes y nos ayudaron en los inicios: José Echenique, Gustavo Satragno, Pepe Bonelli, Nicolás Duhalde; y muchos otros que aún hoy continúan colaborando para que pueda ejercer mi profesión sin preocuparme demasiado por lo económico, en beneficio de todos. Toda la ayuda que me dio un grupo de gente sirvió para que otro grupo de gente pudiera estar bien atendido.

Agradezco también a Carlos Vives, que nos cedió en ese entonces el terreno para construir mi casa y su ayuda para terminarla, significando eso el arraigo definitivo, con la alegría de todos que me decían «Entonces…¿no se va más?».

Agradezco a las instituciones educativas que me permitieron ser parte. ¿Cómo no recordar cuando hicimos el patio de la escuela? Y digo «hicimos» porque recuerdo que muchas mujeres hacían escombros con una máquina. Los hombres acarreábamos carretilla con material, mezcla y baldosas. Y un grupo enorme de albañiles se encargaban de hacer el trabajo específico. Eramos una multitud enorme y alegre trabajando.

¿Cómo no sentir el afecto y la consideración de los clubes? en Juventud, las mesas de los domingos de truco con Bochi Ordinas, Raúl Monge, Chiro Díaz, Domingo Rizzo, el Turco Julio… En Ingeniero, miércoles de bochas, asados y tute con trampas…Nunca una discusión.

¿Cómo no reconocer el tremendo esfuerzo y la colaboración de los Bomberos?. El apoyo municipal en situaciones complicadas, recibiendo ayuda y llevando bolsas de un lado a otro cuando nos inundamos.

El empuje de Marta García para iniciar la creación del «Pequeño Hogar» y tratar de dar soluciones transitorias a situaciones complejas. La siempre buena predisposición de los empleados y compañeros municipales. La insistencia y el esfuerzo de Marta Brignone para que junto a Perfecto Alarcón, Carlos Vives y con el apoyo del Doctor Alegre, desde La Plata se gestionara la creación de la Escuela Secundaria.

Imposible olvidar la tarta de coco de Emilia Dettori, la milhoja de Norma Varea, las manzanas asadas y los budines de Alicia Boeris, los higos en almíbar de Titina Bonelli, las facturas casera de Titi Masera, Poma y Mario Rois, los dulces caseros de Martita Boeris, las tortas fritas de Rosario Gatica de Soria, las salsas de Gucho, el pan dulce de Mingo Rizzo… y faltan. ¿Vieron que no se puede ser breve y justo?

Una vez, en uno de los mejores centros de atención médica de Capital, un colega me preguntó: ¿Siempre le regalan el mejor cordero, la mejor torta, el mejor pollo con mucho cariño?…Por supuesto que respondí que sí. Y me dijo: «No lo cambie por nada, ni siquiera por esto»; y señalando un hermoso sillón de cuero me dijo: «No vale la pena». Fue un diálogo inolvidable con el doctor René Favaloro. Hoy lo valoro y lo entiendo más que nunca.
Cómo no recordar y agradecer la dedicación y el cariño con el que prepararon la habitación de la Casa del Médico. Recuerdo un agosto muy frío, un dormitorio inmenso y una estufa a cuarzo de dos cañitos horizontales, acomodada por Techo Duarte, presente desde mis inicios hasta hoy, pintando mi primer escritorio, aquél que me regaló mi padre cuando me recibí.

Las visitas domiciliarias a pie, sintiendo el frío intenso que recuerdo todos los inviernos… Y es un placer. Hasta que Alicia Indart me prestó la famosa estanciera.

Hay cosas que hemos vivido que no se pueden devolver con 37 ni con 100 años de servicio. Nos han dado a mí y a mi familia la posibilidad de una vida digna, sin lujos pero sin necesidades.

Me quedan muchos por agradecer: Hugo, Gladys, Gustavo, Pepe… El reconocimiento es necesario para que todos podamos seguir.

Gracias por la posibilidad de poder expresarme con franqueza. Sepan disculpar mis errores. Para terminar quiero decirles que yo nací en Junín, estudié en Rosario y soy de Banderaló».

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