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miércoles, 22 mayo, 2024

Sócrates, el cazador de historias | Hoy, Ernesto Segretín

Rebautizado en su madurez como Sócrates, Daniel Provazza hace gala de su impronta en un reportaje imperdible. No es ni será el filósofo griego, mucho menos el excelso volante de la selección brasileña de fútbol. Este, nuestro Sócrates, sale a cazar historias.

Esta vez el elegido es Ernesto Segretín, ex concejal del justicialismo y propietario de un taller electromecánico, quien se brindó por completo a un diálogo íntimo.

Si tuviera que elegir una tarjeta de presentación para darse a conocer, ¿cómo sería?

Mmmm, qué complicado… porque se corre el riesgo de ser presuntuoso. A mí me gustaría presentarme como amigo de profesión.

Usted, ¿qué es?

Un tipo común con las virtudes incorporadas de una comunidad en la cual, si bien es cierto que nací, también la elegí para vivir.

¿Cómo fue la relación con sus padres?

Es un punto que no puedo resumir en dos o tres palabras. Tuve una relación muy amorosa con mi madre, sobre todo. Y esa relación de amor se desarrolló en una primera adolescencia, fundamentalmente, muy complicada por las interminables enfermedades de papá y mamá. Fue muy duro. A punto tal que mi padre fallece en julio de 1970 y mi madre en noviembre del mismo año. El recuerdo de mis padres está sublimado por esta tragedia temporal; los amé tanto como los amo hoy.

Defina con una palabra a su madre.

Abnegada, no lo dudo.

¿Hay algo de esa relación con sus padres que está presente y que le transfiere a sus hijos?

Sí, absolutamente. Mi padre tuvo cierta modesta actuación comunitaria y me legó, con ese marco, el cultivar una decencia sin renuncias. He tratado de que mis hijas supieran de eso y que lo incorporaran como valores. Y la abnegación y amor de mi madre decidieron mi actitud de padre con respecto a mis hijas y hoy respecto a mis nietos. Mi familia lo es todo.

Hay una teoría de que el apellido Segretín viene de la palabra secreto.

Lo que yo tengo sabido hasta ahora es que una sobrina mía hizo una especie de consulta a las docentes que se ocupan de la genealogía, de los orígenes de los apellidos. Según esa averiguación, Segretín, que se pronuncia en francés ‘Segretén’, es común en Francia y aparentemente deviene de la caracterización de los que cuidan los espíritus. Algo que podría estar relacionado con los que cuidan los campos santos. Esto es lo que tengo sabido, que no es mucho, porque para mí la genealogía de mi apellido sigue siendo un misterio. Jamás pudimos encontrar nuestra llegada a la Argentina con los inmigrantes, y eso dificulta todo.

Dicen que a usted siempre fue difícil sacarle un título, que tiene toda la información, que controla todo lo que dice y que no dice lo que no quiere.

Las palabras son como flechas lanzadas al viento. No tienen retorno. Trato de ser cuidadoso con mis expresiones, lo que no me ha privado en mi pasado de ser claro, preciso y, ciertas veces, vehemente.

Una ciudad para vivir, una para soñar, un momento de su vida, un consejo.

Para vivir, Villegas. Para soñar, no he vivido en ciudades que sueñan. Me cautivan profundamente las imágenes de las aldeas españolas, algo que frecuenté mucho en los libros, en las redes, porque tengo un especial amor y consideración por los ancestros de mi esposa, que eran de Castilla y Aragón. Eso me llevó a investigar mucho en los lugares originarios y tengo profunda curiosidad por esas viejas ciudades medievales. Un momento de mi vida, el nacimiento de mis hijas. ¿Un consejo? Es difícil, porque ponerse en consejero puede ser pedante, pero aconsejaría atesorar amistades y ser prudente.

¿Cuál es la palabra más hermosa del diccionario?

Nuestra lengua tiene palabras maravillosas. Y como tales, tiene muchas, infinitas. Creo que una de las que más me atrae, me cautiva y me llama a las reflexiones, es la palabra amistad.

¿Y la más peligrosa?

Todas aquellas que implican posibles ofensas, amenazas, violencia.

¿Cuál es la mejor canción de amor jamás cantada?

¡Tantas! El hombre es capaz de creaciones del espíritu impresionantes. Pero me voy a referir a canciones que son muy nuestras, muy argentinas, algunas de ellas criollas, que me gustan muchísimo e impactan en mí espiritualmente. Por ejemplo, tan sencillas y conocidas como «Jazmín de luna», que es exquisita. Me apasionan ciertos boleros que son obras maestras del amor y el romanticismo.

¿Cómo se gana la vida?

Trabajando en lo material. Y me gano la vida como padre tratando de amar mucho a mis hijas y aprendiendo de ellas. De los hijos se aprende tanto. Y, a esta altura de la vida, me gano la vida como abuelo, disfrutando de mis nietos.

Hay quienes dicen que un funcionario público tiene que tener otra actividad, que si es sólo funcionario público, no lo es realmente.

Tiene mucho de cierto, porque si el funcionario público lo único que practicó es esa función, seguramente le van a faltar visiones necesarias de distintos aspectos de la vida. Pero también es cierto que hay profesionales de la vida pública que son muy valiosos.

¿A qué amigos invitaría a comer un asado?

A los que tengo hoy. A todos ellos. Y quisiera tener y no puedo, sentados en una mesa, como dice Mario Benedetti: «los amigos que se fueron cayendo de un abrazo».

¿Qué le sobra?

No me sobra nada, ni dinero, ni amores, ni amigos. Ojalá tuviera más. Sobre todo, no me sobra tiempo para ciertos pequeños vicios. Quisiera tener tiempo para leer más.

¿Qué le falta? 

Leer más.

¿Una flor?

Todas son tan bellas. Las rosas de mi patio.

¿Qué es el poder?

El poder es una cosa muy complicada. Yo tengo una idea del poder que tiene dos facetas. El poder es la facultad que tienen los hombres, o las organizaciones de los hombres, de imponer un relato y una visión de la realidad. Pero tiene también algo que tiene que ver con la física de los cuerpos, porque el poder es como un poliedro, tiene mil caras posibles. Puede ser constructivo o destructivo, puede ser bienhechor o malhechor, puede ser piadoso, generoso o insensible. Puede construir la paz y también puede desatar la guerra. Tiene mil caras.

¿Qué es la vocación política?, en el sentido de que puede ser un instrumento por el cual se pueden cambiar las cosas para mejorar las condiciones de vida de la gente.

El ejercicio de poder también conlleva la enorme posibilidad de cambiar la vida de la gente, construir una comunidad mejor, indudablemente.

Usted ha conocido a los grandes de la política. ¿Quién fue el más grande que conoció?

A esta altura de la vida, tengo una idea y una visión muy amplia y desfanatizada, por decirlo de alguna manera. He considerado y considero grandes hombres de la historia, a Perón; tengo un enorme respeto y pasión por todo lo que se refiere a él, respecto de Raúl Alfonsín, de Illia, de hombres como Leopoldo Marechal, un escritor con profundo compromiso político; de Jauretche. Respeto muchísimo la trayectoria y la memoria de Yrigoyen, la figura de San Martín en mi educación es enorme; y otra gente que no ejerció en la historia el poder que merecían, como Bernardo de Monteagudo. Esto da para charlas hasta el infinito. Hoy tenemos la visión, muy a cuento de la realidad actual. Toda visión es diametralmente opuesta de Alberdi, que en su juventud fue un enemigo declarado de Rosas. Ahora, el Alberdi de la etapa final de su vida invirtió sus ahorros en viajar a Inglaterra a presentar sus respetos a Rosas. ¿Ahora qué hacemos desde la historia oficial? ¿Con cuál Alberdi se queda? Con el primero o con el del final de sus días, que estaba de vuelta de muchas de las cosas de las que consideramos estaba equivocado. Nos quedamos con el primero, con el de los errores; y nos perdemos al Alberdi sabio.

De las grandes personalidades que conoció, ¿hubo alguna que lo haya emocionado?

¡Si!. Tuve el honor de conocer a Raúl Alfonsín en la visita a Villegas. En aquel entonces yo debía entregarle un reconocimiento del Concejo Deliberante, y fue un momento en el que me temblaron las piernas.

Si pudiera volver atrás un momento, una jugada donde pifió la decisión, ¿cuál sería? ¿cómo debería haberlo resuelto?

Quisiera poder recauchutar, por decirlo de alguna manera, los exabruptos que tuve, algunas peleas que eran evitables.

¿Qué es mejor, evitar o buscar una vía de escape paralela?

Creo que lo conveniente es enfrentar situaciones, pero con generosidad y con ponderación. Cada vez que resolví una situación confrontativa desde la templanza y la generosidad, me significó ganar un nuevo amigo. Y ganar amigos en la política es complicado. Sin embargo lo pude hacer, entonces lo haría de esa manera.

Expresado en porcentaje, ¿cuánto es capaz de apostar de sí mismo y cuánto tratar de preservarse?

Yo aposté todo, para mal o para bien. En ningún momento especulé con preservar. Hoy sí elijo preservar mi tiempo con la familia, con los amigos, con los pequeños vicios como leer. Hoy elijo ese camino.

¿Ejerce de villeguense?

¡Sí! Todos los días, todas las horas, todos los minutos.

¿Cómo sería su Villegas soñada?

Un Villegas más desarrollado económicamente, en servicios, en todas las cuestiones que hacen a la calidad de vida comunitaria, salud, educación. El Villegas ideal sería el capaz de retener a mis hijos y a mis nietos.

Busque una foto de su infancia y con su experiencia actual, ¿qué recomendación le daría a aquel de la imagen?

A mí muy recurrentemente se me plantea en la visión imaginaria una foto de la infancia, que está ligada a un tío mío muy querido, Eduardo Crusat; y a otro tío muy querido de los Crusat que es el fenomenal Oreste, guerrero de cien mil batallas. A ellos debo una foto donde me llevan a un partido en cancha de Eclipse, yo salgo en esa foto con el chupete colgando de mi cuello, sentado entre medio de la línea media de Eclipse, Mezzelani, Zabala y San Martín. Esa foto para mí es entrañable, porque está vinculada a mis tíos y a un gran amor para mí, que es Eclipse. Una foto que quiero muchísimo. La que se me viene a la mente primero, es siempre esa.