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domingo, 24 enero, 2021

Último rollo para una vida de película | Por Tomás Penacino

En las primeras horas de este sábado 26, falleció Don Héctor Cognigni, alguien que escribió numerosas páginas de nuestra historia pueblerina. Herencia de familia, amasó el pan junto a su padre y hermanos para la mesa de los bungenses; celebró casamientos; recibió con gozo al papá que venía a anotar a su hijo y también acompañó en el dolor a los que asentaban la muerte de un familiar; se moría de risa al ensuciarle los dedos a los que se “enrolaban” y atesoró en su corazón sus casi cuatro décadas en el Registro Civil. En la sala de la Sociedad Española, proyectaba las películas que entretenían a grandes y chicos. También en sus momentos libres, atendía el conmutador de la “Unión Telefónica” que estaba en su casa, cosechando anécdotas imperdibles.

Tenía muy en claro ese precepto profundamente arraigado en la cultura italiana de la que provenía y alimentó toda su vida: “Lo primero es la familia” y fue su casa hasta no hace mucho, el punto de reunión de sus seres queridos.

Cerró sus ojos como quería Ernesto Sábato, en su propia cama y, según me contó su hijo, con la música de “La Cumparsita”, eso sí en la versión de Juan D’arienzo.

En ese momento fundamental del paso a la vida que no termina, cumplió también otro sueño de buen padre: su lecho estaba rodeado de sus hijos, en una unidad que él forjó y se nos antoja invencible.

Amó intensamente la vida y también sus quehaceres estaban revestidos de esa “tana pasión”. Bien podemos poner en sus labios como legado para sus hijos y nietos, aquella memorable frase de la película “Cinema Paradiso” que Don Alfredo le dice a Salvatore: “Hagas lo que hagas ámalo, como amabas la cabina del Paradiso cuando eras niño”.
¡Buen viaje Don Héctor! Tenga eso sí el delantal listo y las manos en la masa. Uno no sabe cuando le caemos por allá así que… ¡esté preparado!

Héctor Cognigni se desempeñó durante más de 37 años como empleado del Registro Provincial de las Personas. Los actos fundamentales de la vida quedaron asentados por él en los libros y grabados a fuego en su memoria.

Además de trabajar cerca de 40 años en el Registro Civil y ejercer el oficio de panadero, tradición de su familia, Don Héctor Cognigni, en cuya casa funcionaba la antigua Unión Telefónica, se sentaba al conmutador en los momentos libres.