El caso que investiga la Justicia por el presunto robo y desvío de medicamentos en el Hospital Italiano de Buenos Aires, y que tomó relevancia nacional en las últimas semanas, generó preocupación. La causa se inició tras la muerte del anestesista Alejandro Salazar, quien habría fallecido por una sobredosis de fármacos de uso hospitalario como el fentanilo y el propofol.
La investigación, que apunta a una posible administración fraudulenta de medicamentos y desvío de sustancias, incluye a dos profesionales imputados y expone una trama que, según trascendió en medios nacionales, combina consumo indebido, robo de insumos médicos y la realización de fiestas clandestinas donde estas drogas habrían sido utilizadas fuera de todo control sanitario.
En este contexto, Actualidad dialogó con el doctor Juan Pablo Paladino, anestesiólogo, quien buscó aclarar el tema y llevar tranquilidad a la comunidad de General Villegas. “Son drogas extremadamente seguras en un ámbito controlado”
Paladino fue contundente al enmarcar el hecho: “Estamos en presencia de un hecho delictivo, de un consumo ilegal de una sustancia legal que fue sustraída de una institución de gran jerarquía”.
El profesional explicó que tanto el fentanilo como el propofol son medicamentos de uso cotidiano en la práctica anestesiológica. “Son drogas extremadamente seguras si se administran en un ambiente controlado y con un profesional a cargo”, afirmó.
En ese sentido, detalló que el fentanilo “es un opioide derivado de la morfina, muy potente, que genera analgesia profunda”, mientras que el propofol “es un hipnótico que induce el sueño de manera efectiva”. Ambos forman parte del “pilar de la anestesia moderna”.
“El objetivo es que el paciente no perciba el dolor de una cirugía o procedimiento. Estas sustancias están diseñadas para eso y funcionan muy bien cuando se usan correctamente”, agregó.
El riesgo fuera del quirófano
Uno de los puntos centrales que remarcó el anestesiólogo fue el contexto de administración. “El problema no es la droga en sí, sino el uso fuera de un ámbito controlado”, señaló.
Paladino explicó que en un quirófano existen todos los recursos necesarios para garantizar la seguridad del paciente: monitoreo constante, control de signos vitales, equipamiento para asistir la respiración y personal capacitado.
“Cuando estas sustancias se administran sin control, pueden provocar una depresión del sistema nervioso central, afectar el centro respiratorio y llevar a una apnea, hipoxia y eventualmente la muerte”, advirtió.
Incluso subrayó que los anestesiólogos reciben formación específica para trabajar fuera del quirófano, en situaciones especiales como estudios complejos. “Siempre debemos garantizar las mismas condiciones de seguridad, aunque el procedimiento no sea en un quirófano”, explicó.
Controles estrictos y trazabilidad
Otro aspecto clave del caso es cómo estas drogas llegaron a ser utilizadas de forma ilegal. Según Paladino, el sistema sanitario cuenta con controles estrictos.
“El fentanilo no lo puede comprar un médico de manera individual. Lo adquiere la farmacia del hospital y cada ampolla tiene trazabilidad”, detalló.
El profesional explicó que cada dosis está registrada: “Cuando usamos una ampolla, debemos devolverla o justificar su uso. Todo está controlado por la farmacia hospitalaria, la dirección del hospital y organismos sanitarios”.
En ese sentido, consideró que “evidentemente algo falló” en el caso bajo investigación, aunque remarcó que se trata de una situación excepcional dentro de un sistema que, en general, funciona con altos estándares de control.
“La anestesia hoy es muy segura”
Consultado sobre los riesgos de la anestesia, Paladino llevó tranquilidad: “Hoy la anestesia es muy segura. La tasa de complicaciones graves es bajísima”.
Atribuyó esta evolución al avance tecnológico, tanto en equipamiento como en medicamentos, y a la formación profesional. “Trabajamos con simuladores, como los pilotos, para entrenar situaciones críticas y estar preparados ante cualquier eventualidad”, explicó.
Por último, insistió en diferenciar el uso médico del uso indebido: “Son drogas legales, pero en este caso fueron administradas ilegalmente, fuera de un entorno controlado y por personas que no estaban en condiciones de manejar la situación”.
El especialista concluyó que lo ocurrido “no empaña la profesión”, sino que debe entenderse como un hecho delictivo aislado que está siendo investigado por la Justicia.
De este modo, en medio de un caso que generó impacto a nivel nacional, la palabra de un profesional local aportó claridad y buscó despejar dudas entre quienes deben someterse a intervenciones quirúrgicas.

