Celeste Castillo tiene 26 años, es de General Villegas y desde hace seis meses vive en Tamarindo, Costa Rica, donde inició una nueva etapa de vida que combina trabajo, aprendizaje y un cambio profundo en su forma de ver el mundo.
Su historia se conoció en una nueva edición de GPS Villeguenses por el Mundo, donde relató cómo fue tomar la decisión de dejar todo atrás para empezar de cero en otro país, sin certezas pero con una convicción clara: animarse.
Durante la charla, dejó definiciones que sintetizan ese momento de quiebre: “Sentía que todo estaba bien, pero algo adentro me decía que no alcanzaba”.

Una decisión rápida, pero con raíces profundas
Celeste egresó del Colegio Nacional y, tras terminar la secundaria, se mudó a Río Cuarto para estudiar Trabajo Social. Allí vivió varios años, construyó su rutina, trabajó en distintos rubros —principalmente en un gimnasio como personal trainer y también en comercio— y armó su círculo afectivo.
Sin embargo, esa estabilidad empezó a perder sentido. “Siempre tuve la idea de irme. No lo hablaba todo el tiempo, pero estaba en mi cabeza”, explicó.
El detonante no fue un hecho puntual, sino una acumulación de sensaciones: el esfuerzo cotidiano, la dificultad económica y una proyección de vida que no terminaba de convencerla. “Sentía que iba a estar siempre trabajando para otros y no era mi sueño”, dijo.
En ese contexto apareció la oportunidad concreta: un amigo que había estado en Costa Rica le propuso viajar. La decisión fue rápida. “En menos de tres meses dije ‘me voy’ y ya tenía la valija hecha”, contó.

El peso de los miedos y el valor de avanzar igual
Como en toda decisión de este tipo, los miedos estuvieron presentes desde el primer momento. Celeste los enumeró con claridad: no conseguir trabajo, que algo saliera mal, sentirse sola o no poder adaptarse.
“Pensé todo lo malo primero. Después me relajé y dije: también puede pasar lo lindo”, relató.
El acompañamiento de su entorno fue clave. Aunque su familia sintió la partida —especialmente su madre—, el respaldo fue total. “Estaban tristes, pero contentos por mí”, señaló.
Esa contención, sumada a la decisión interna, le permitió avanzar sin dudas. “Nunca pensé en no hacerlo. Cuando tomé la decisión, ya estaba tomada”, afirmó.

Un destino inesperado y una adaptación acelerada
Costa Rica no estaba en sus planes iniciales. No era uno de los destinos habituales que imaginaba. De hecho, reconoció que sabía muy poco del país antes de viajar.
“Llegué sin conocer casi nada. Ni el lugar, ni el idioma, ni cómo era la vida acá”, explicó.
Sin embargo, la adaptación fue más rápida de lo esperado. Tamarindo, donde vive actualmente, es una zona altamente turística, con una fuerte presencia internacional y, en particular, una comunidad argentina numerosa.
“Donde vayas hay un argentino. Eso también te hace sentir un poco en casa”, comentó.
En lo laboral, la inserción fue inmediata. Con iniciativa y actitud, consiguió trabajo en un restaurante casi de forma directa. Hoy cumple funciones de responsabilidad dentro del lugar, lo que le permitió estabilizarse económicamente.
“Hay mucho trabajo. Si te movés, conseguís”, sostuvo.

Una rutina distinta, pero con continuidad personal
A pesar del cambio radical de contexto, Celeste mantiene aspectos de su identidad y su rutina. Se levanta temprano, entrena, trabaja y organiza sus días con cierta estructura.
Su formación como personal trainer sigue presente: da clases y entrena de manera regular, lo que le permite sostener una parte importante de su vida anterior.
Sin embargo, hay cambios significativos. El ritmo de vida es diferente, más simple, con mayor conexión con el entorno natural y menos presión vinculada al consumo.
“Antes pensaba mucho en comprar cosas o en llegar a fin de mes. Hoy mis preocupaciones son otras”, explicó.
También destacó el contacto cotidiano con la naturaleza como un factor central: playas, animales y un entorno completamente distinto al que conocía.

El impacto emocional: entre el crecimiento y la nostalgia
Uno de los aspectos más profundos del cambio fue el impacto emocional. Celeste reconoce que el proceso implicó un crecimiento personal importante.
“Hoy creo más en mí. Me animé a hacer cosas que antes no pensaba que podía hacer”, expresó.
También cambió su relación con la soledad. “Antes no me gustaba estar sola. Hoy lo disfruto”, dijo, marcando una diferencia clara en su forma de vincularse consigo misma.
Sin embargo, el desarraigo tiene su costo. Las fechas especiales, los cumpleaños o las celebraciones familiares son los momentos más difíciles.
“Ahí es cuando más se siente la distancia”, reconoció.
Aun así, la tecnología y el vínculo permanente con su entorno ayudan a sostener esa conexión. “Todos los días hablo con mi mamá”, contó.

Una nueva forma de ver la vida
Más allá del cambio geográfico, Celeste plantea una transformación más profunda: una nueva manera de entender la vida.
“Hoy vivo más el presente. Disfruto lo simple”, resumió.
El contacto con distintas culturas, la diversidad de personas y la experiencia de empezar de cero le abrieron nuevas perspectivas. Incluso en lo laboral, comenzó a interesarse por áreas que antes no formaban parte de su horizonte, como el inglés o el marketing.
“Pensaba que ya había encontrado lo que quería hacer. Hoy veo que hay muchas más posibilidades”, explicó.
Celeste no tiene definido un plazo concreto para volver a la Argentina. Tampoco descarta hacerlo. Su idea es seguir explorando, viajando y creciendo.
“Me gustaría conocer más de Centroamérica, Colombia, México”, adelantó.
Costa Rica, mientras tanto, sigue siendo su base. Aunque Tamarindo le resulta intenso por el turismo, no descarta instalarse en otra zona del país. “Podría ser mi hogar”, admitió.

Un mensaje claro: animarse
Al final de la charla, dejó un mensaje directo para quienes atraviesan dudas similares a las que ella tuvo antes de viajar.
“Que se animen. Si algo sale mal, se puede volver. Pero hay un mundo enorme por conocer”, afirmó.
Su historia no está cerrada. Está en pleno desarrollo. Pero ya dejó una enseñanza concreta: a veces, el mayor cambio no es el lugar al que se llega, sino la decisión de irse.


