InicioSociedadLucía Beiersdorf, volver al pueblo para confirmar el camino elegido

Lucía Beiersdorf, volver al pueblo para confirmar el camino elegido

Después de tres años y medio viviendo en Alemania, Lucía Beiersdorf regresó por unos días a General Villegas. No fue un retorno definitivo ni tuvo el tono de quien cierra una etapa, sino el de alguien que necesita volver al origen para reafirmar decisiones. El paso por el pueblo fue breve, intenso y cargado de emociones, atravesado por reencuentros, charlas largas y despedidas que, aunque ya conocidas, nunca se vuelven sencillas.

“Siempre es lindo volver a Villegas. Fue muy intenso y todavía sigue siéndolo, porque tengo toda mi familia y mis amistades acá”, expresó. El tiempo jugó en contra desde el primer día. “No me alcanza”, repitió varias veces, consciente de que el calendario no permite recuperar en semanas lo que la distancia separó durante años.

Lucía llegó a la Argentina el 29 de noviembre y permaneció hasta fin de diciembre. Tres años y medio sin pisar el pueblo marcaron un contraste fuerte, aunque no tanto como imaginaba. “Grandes cambios no veo. Hay comercios nuevos, pero siento que todo está más o menos en el mismo lugar”, describió. Caminar las calles conocidas, reencontrarse con rostros familiares y sentarse a compartir una charla como si el tiempo no hubiera pasado fueron parte de una experiencia que reafirmó una certeza: el vínculo con el lugar de origen sigue intacto.

Una decisión que empezó en silencio

Antes de Berlín, antes incluso de pensar en Europa, hubo una primera decisión difícil. Lucía Beiersdorf trabajaba en educación en la zona cuando, en plena pospandemia, apareció la posibilidad de emigrar como au pair a Estados Unidos. “Lo vi como algo inspirador. No lo había pensado tanto antes porque una decisión así genera inseguridad”, recordó.

Un Au Pair es un joven extranjero que vive temporalmente con una familia anfitriona en otro país, ayudando principalmente con el cuidado de los niños y tareas domésticas ligeras a cambio de alojamiento, comida y una paga, participando como un miembro más de la familia para una inmersión cultural y lingüística. No es una empleada doméstica ni una niñera tradicional, sino un intercambio cultural, ofreciendo una oportunidad de crecimiento personal, aprendizaje de idiomas y experiencia internacional.

El proceso comenzó casi en silencio, incluso dentro de su familia. Trámites, entrevistas y requisitos se fueron acumulando mientras la idea tomaba forma. “Cuando ya estaba bastante segura y me dijeron que tenía turno en la embajada, ahí lo conté”, relató. La reacción fue de apoyo. “Nunca sentí presión para volver. Siempre acompañaron las decisiones que me hacen bien”, afirmó.

La experiencia en Ohio duró ocho meses. “Fue buena. Me sentí muy cómoda con la familia”, señaló. El trabajo con niños no resultó ajeno. “Siempre me gustó trabajar con chicos y ya tenía experiencia en educación”, explicó. El idioma tampoco fue una barrera determinante. “No tenía una base fuerte, pero aprendí allá”, contó.

Estados Unidos funcionó como una prueba. “Me sirvió para saber que podía enfrentar una situación nueva y adaptarme”, resumió. Desde allí, el regreso a la Argentina quedó descartado.

Alemania como continuidad

Al finalizar su experiencia en Estados Unidos, Lucía Beiersdorf aplicó directamente a una visa europea. Alemania apareció como una opción concreta, atravesada también por su historia familiar. “Sentía que el trámite iba a ser más fácil”, explicó. Así llegó a Berlín en diciembre de 2022, en pleno invierno.

“La luz fue lo que más me sorprendió. A las cuatro de la tarde ya es de noche”, describió. No fue tanto el frío como la falta de horas de sol lo que marcó el inicio. “Te cambia la rutina y un poco el ánimo”, reconoció. Aun así, la ciudad ofreció alternativas. “Hay mucha actividad cultural y eso ayuda”, dijo.

La adaptación no fue solitaria. “Hay mucha gente argentina. Escuchás español en el transporte, vas al parque y ves gente tomando mate”, relató. Ese entramado facilitó vínculos y alivió el desarraigo.

Trabajar, aprender y adaptarse

En Berlín, la vida laboral fue diversa. Trabajó como niñera, asistente en comercios, en tareas de limpieza y cuidado de mascotas. “Hice de todo un poco”, contó. Cada experiencia aportó autonomía. “Eso me ayudó a resolver muchas cosas sola”, afirmó.

Las diferencias culturales aparecieron con claridad, sobre todo en la crianza. “Los chicos son muy independientes. Se caen y los padres no van corriendo”, explicó. También en el clima. “Llueve, hace frío y los chicos igual están en el parque”, agregó.

En las relaciones adultas notó matices distintos. “No los llamaría fríos, son más reservados”, aclaró. Con el tiempo, esos vínculos se volvieron firmes. “Cuando se genera el vínculo es genuino. Si te preguntan cómo estás, es porque realmente les importa”, sostuvo.

Cambios personales y ciudadanía

Vivir afuera la transformó. “Conocer otras culturas te abre la cabeza”, reflexionó. Cambió la forma de ver el trabajo, los vínculos y la vida cotidiana. “Todos los días aprendo algo”, resumió. Sin embargo, hay rasgos que permanecen. “La espontaneidad y la forma de incluir a la gente siguen siendo muy nuestras”, dijo.

Hace algunos meses obtuvo la ciudadanía alemana. “Fue una tranquilidad enorme”, expresó. El cambio fue inmediato. “Ya no pensás en renovar visas ni en si te las van a aprobar”, explicó. Con ese paso, se abrió una nueva etapa.

El próximo objetivo es claro. “Quiero aprender bien el idioma y, más adelante, trabajar de lo que estudié”, señaló. La revalidación del título llevará tiempo. “El alemán es fundamental”, afirmó.

Volver para seguir

El regreso a General Villegas tuvo un peso emocional fuerte. “Lo necesitaba. Después de tanto tiempo, volver a sentir que vivía acá un ratito hacía falta”, confesó. También confirmó que el desarraigo no borró pertenencias. “Hoy mi casa está en Berlín, pero no lo siento de la misma forma que acá”, dijo.

Antes de volver a Alemania, Lucía Beiersdorf se llevó algo más que recuerdos. “Me llevo todo lo compartido”, expresó. Sabe que el invierno europeo será duro, pero también que los vínculos permanecen. “Mi familia y mis amistades siguen estando”, afirmó.

Lucía no idealiza la experiencia de emigrar. La entiende como una elección. “No se puede todo. Hay cosas que se ganan y otras que se pierden”, reflexionó. Hoy elige seguir en Berlín, crecer y proyectar, con la certeza de que General Villegas sigue siendo ese lugar al que siempre se vuelve, aunque sea por un tiempo.

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