Después de más de cuatro años sin pisar su ciudad, Nicolás Álvarez volvió a General Villegas para reencontrarse con la familia, los amigos y sus raíces. Kinesiólogo, director de una clínica de rehabilitación en Dubái y parte del circuito internacional del polo, Álvarez compartió en «GPS, villeguenses por el mundo», una extensa reflexión sobre el camino recorrido desde que, en plena pandemia, decidió emigrar junto a su familia a Medio Oriente.

“Vinimos a visitar un poco a la familia, a pasar las fiestas, a ver amigos. Hacía cuatro años que no veníamos y Dubái está lejos, no es fácil organizarse con una familia”, contó. El regreso tuvo además un condimento especial: el casamiento de su hermana, que fue una de las razones que permitió concretar el viaje.
La decisión de irse no fue improvisada. Álvarez recordó que todo comenzó durante la pandemia, cuando la actividad laboral se frenó y surgió una oportunidad inesperada. “Atendí a un polista que se iba a hacer la temporada a Dubái y me propuso ir cuatro meses. Lo hablé con mi mujer y decidimos probar”, explicó. Ese primer contacto derivó en una relación laboral que terminó con la apertura de una clínica y, finalmente, con la mudanza definitiva de toda la familia en febrero de 2022.
Instalarse en Dubái implicó empezar de nuevo. “Es un país culturalmente diferente, con otro idioma, otras costumbres. Con 42 años arrancar de cero no es fácil”, reconoció. A eso se sumó el desafío familiar: tres hijos pequeños que debieron adaptarse a un sistema educativo exigente. “La educación allá es muy buena, pero estricta. Los chicos tuvieron que rendir exámenes para poder ingresar al colegio”, señaló.
Sobre ese proceso, Álvarez fue claro: “El estrés es lógico en un cambio tan grande, más con familia. Pero a mí me gusta crecer, no me gusta estancarme”. En ese camino, destacó especialmente el acompañamiento de su esposa. “Si yo hubiese estado solo, no sé si lo hubiera tolerado. Ella fue clave en todo este proceso”.
Hoy, ya instalado, reconoce que uno de los grandes logros fue consolidarse profesionalmente. “En Argentina yo ya tenía un nombre, pacientes, médicos que me derivaban. Allá tuve que demostrar todo de nuevo”, afirmó.
Una clínica de referencia en Dubái
Actualmente, Nicolás Álvarez es director de una clínica de rehabilitación inaugurada en julio de 2022. El espacio cuenta con dos pisos, consultorios privados, gimnasio y áreas específicas para recuperación de alto rendimiento. “Trabajamos con sesiones de una hora, personalizadas. No bajamos la calidad del servicio”, explicó.
Ese enfoque le permitió atender a deportistas de elite y figuras vinculadas al fútbol y al polo. “En Dubái viven muchos deportistas porque no hay impuestos. Si hacés un buen trabajo, te va bien”, resumió. Además, destacó que allí es el único profesional que aplica una técnica de microelectrolisispercutánea (MEP), utilizada tanto en humanos como en caballos de polo. “Es una técnica de regeneración de tejido blando, no agresiva, y dio muy buenos resultados”, detalló.
El crecimiento continúa: la clínica proyecta abrir una nueva sede en Abu Dhabi. “Hay que crecer de a poco, con gente capacitada. Abrir por abrir no sirve”, afirmó.
La vida lejos y lo que se extraña
Más allá del éxito profesional, Álvarez no ocultó el lado B de la experiencia. “Dubái es una ciudad muy segura, eso es impresionante. Dejás el teléfono, las llaves, y nadie toca nada. Pero no se vive lo social como acá”, dijo. Según explicó, la rutina laboral es intensa y deja poco margen para el encuentro. “No tenés el tiempo que tenés en un pueblo. Allá todo es trabajo”.
También habló del impacto cultural en sus hijos. “Ellos crecieron viendo que todo funciona perfecto. Cuando viajamos a Europa y vieron gente durmiendo en la calle, no lo entendían”, relató. En ese sentido, valoró el regreso temporario a Villegas: “Acá los chicos andan en bicicleta, van a la plaza, a jugar a casas de amigos. Eso allá no existe”.
Entre las cosas que más extraña mencionó la familia, el idioma y los momentos simples. “Hablar español me relaja. En inglés sos otra persona, más estructurada”, confesó. Y agregó, entre risas, que el mate se volvió un ritual cotidiano: “Allá me sentí más argentino que nunca”.
Mirar hacia adelante
Consultado por el futuro, Álvarez aseguró que planea quedarse algunos años más en Dubái. “Quiero que los chicos terminen el colegio y después veremos. No es un lugar para toda la vida”, afirmó. Sin embargo, no descartó un regreso. “Me gustaría volver a disfrutar de la Argentina, no a renegar. Armarme una casa y vivir más tranquilo”.
Al cierre, dejó una reflexión que resume su experiencia: “Para ganar hay que esforzarse y también perder algunas cosas. Nosotros elegimos crecer en familia. El esfuerzo valió la pena”.