Home Empresas y Emprendedores Un tanque centenario y una historia de trabajo familiar que sigue construyéndose

Un tanque centenario y una historia de trabajo familiar que sigue construyéndose

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Hugo Boschi, Juan Carlos Campana y Marcelo Boschi, junto al tanque

El tanque sigue ahí. Alto, firme, silencioso. Cumple su función como lo hace desde hace un siglo. Está ubicado en una quinta de General Villegas, detrás de las vías, sobre la calle Goedelmann, paralela al canal de desagüe a cielo abierto. A unos doscientos o trescientos metros de la tranquera aparece la estructura, visible desde lejos, con una placa que todavía se deja leer con claridad: 26 de enero de 1926.

No es un detalle menor. No se trata de una fecha cualquiera ni de una confusión con el calendario actual. Ese tanque cumplió cien años y sigue funcionando.

La historia volvió a emerger a partir de una imagen compartida en redes sociales por Boschi Aguadas. La publicación despertó recuerdos, preguntas y, sobre todo, la necesidad de volver a mirar hacia atrás. Detrás de esa cuenta está Marcelo Boschi, bisnieto de Eolo Boschi, el inmigrante italiano que construyó ese tanque cuando Villegas todavía era un pueblo joven.

“Vi la foto y me llamó la atención la placa. No estamos hablando de 2026, sino de 1926. Ese tanque acaba de cumplir cien años”, explicó Marcelo.

Una obra hecha a mano y en el lugar

El tanque no fue fabricado en serie ni armado con piezas premoldeadas. Se construyó en el lugar, como se hacía en esa época. “No se hacía como ahora. No había placas previas. Era ladrillo, hierro, revoque, todo hecho ahí mismo”, relató.

Tiene una capacidad aproximada de 50 mil litros y sigue operativo. “El otro día había un poco de viento y se estaba llenando. Funciona hoy como el primer día”, contó.

La placa original deja en claro quiénes fueron sus autores: Eolo Boschi e hijo. Ese hijo era Ugo Boschi, así, sin hache, nacido en Italia en 1900, que ya trabajaba junto a su padre cuando levantaron la estructura.

La quinta pertenece a Juan Carlos Campana. Allí vive Andrea, su hija, y el tanque sigue siendo parte del paisaje cotidiano. “Mi viejo me dijo hace unos años: ‘Mirá, acá hay un tanque que hizo tu bisabuelo’. Vinimos con mis hijos, que eran chiquitos, sacamos fotos. En ese momento no dimensioné lo que significaba”, recordó Marcelo.

La placa, mudo testigo de un siglo que pasó. El tanque sigue en funciones.
De Cingoli a General Villegas

Eolo Boschi llegó a la Argentina alrededor de 1907. Vino directamente a General Villegas, que por entonces tenía apenas 21 años de vida. Eolo, 35. Era oriundo de Cingoli, en la provincia de Macerata, en el centro de Italia, una zona montañosa de fuerte tradición histórica.

Llegó con dos hijos nacidos en Italia, Ugo y Josefa, y ya instalado en Villegas formó una familia numerosa. Tuvo cinco hijos más: Eolina, Luis, Olinda, madre de Olindo Bitti; Endula y Tulio, el más chico, abuelo de Marcelo.

“Vinieron a hacer la América, quizás con la idea de volver, pero se quedaron. Hoy ya somos cinco generaciones”, resumió.

El oficio y los vínculos familiares

La historia de los Boschi se cruza con otras familias ligadas al oficio. La familia Bitti, vinculada a la fabricación de mosaicos, aparece como una referencia permanente. “Por lo que me contó Olinda, ellos arrancaron con la mosaiquera en 1916 y fueron los primeros en Villegas”, señaló Marcelo.

También surgieron conexiones con Olavarría, donde existe una firma llamada Boschi Hermanos, y con Mendoza, donde se detectaron otros Boschi. “Seguramente hay parentesco”, deslizó.

Eolo trabajó junto a sus hijos varones, Ugo, Luis y Tulio. La actividad continuó en manos de sus hermanos y luego de la siguiente generación. Más adelante siguieron Jorge, Hugo y el padre de Marcelo, Luis, quien mantuvo la fábrica activa hasta el último día.

Eolo Boschi, llegado de Italia, creó la empresa familiar
La decisión de no cerrar

Marcelo hoy se dedica a la construcción y al rubro gas. Aun así, la fábrica familiar de aguadas y bebederos sigue funcionando. No fue una decisión automática.

“Cuando falleció mi viejo, el 18 de diciembre de 2022, daba cosa cerrar la fábrica. Un día estaba cargando unos bebederos que habían quedado, me senté en uno y dije: esto no se puede cerrar”, contó, visiblemente emocionado.

Un llamado terminó de marcar el rumbo. Dominic Cunningham, de Estancia San Jorge, necesitaba una gran cantidad de bebederos. Marcelo ya no tenía stock. Pensó que había llegado tarde. Sin embargo, esa conversación volvió a poner la fábrica en movimiento.

Habló con Beto Garro, quien había trabajado toda la vida con su padre. Al principio dudó, pero un mes después lo llamó: “Te voy a ayudar”. Así, de a poco, la producción volvió a activarse en el lugar de siempre, en Castelli entre Sarmiento y Pueyrredón, donde antes funcionó la fábrica de mosaicos.

“Todos preguntan si sigue siendo igual. La receta es la misma, el molde es el mismo. Lo reparamos porque estaba viejo, pero se sigue haciendo igual”, afirmó.

Luis Boschi, ya fallecido, con la obra que motivó el recuerdo
Producción actual y trabajo para el Grupo María Elena

Además de mantener la fabricación tradicional de aguadas y bebederos, Marcelo contó que hoy está desarrollando un nuevo producto junto a Pablo Henkel, con quien se asoció para encarar trabajos de mayor escala.

“Estamos fabricando pisos premoldeados, que se llaman slat, para el Grupo María Elena, en la estancia San Marcos”, explicó.

Se trata de pisos elevados utilizados en granjas porcinas. “Los animales duermen sobre esos pisos, a un metro de altura de una fosa. Tienen hendijas que permiten que, cuando se lavan, toda la materia fecal y la orina caigan a la fosa, y después con esos desechos se genera energía”, detalló.

Ese producto no se fabricaba en la zona. “La mayoría venía de Córdoba y se les hacía muy complicada la logística. Por eso los estamos fabricando acá, en Villegas”, señaló.

Marcelo explicó que no podía asumir solo ese volumen de trabajo. “No tengo tanto personal. Sigo con Beto y con Pablo. Por eso nos asociamos y estamos trabajando juntos”.

Tanques, anécdotas y memoria viva

En estos días aparecieron más relatos. En la estancia La Marianita habría un tanque similar, de enormes dimensiones, con una capacidad cercana al millón de litros. “Dicen que es igual al de lo de Campana”, comentó Marcelo, que planea ir a conocerlo.

También reapareció la historia del tanque roto, instalado en lo que fue una pista de autos de la Asociación de Automovilismo de Villegas. El tanque explotó durante una prueba de llenado. Luego, los Boschi lo reconstruyeron.

Aparecen tanques en el Parque Municipal, en La Botera, en cooperativas, en campos y en instalaciones rurales. O la pileta de La Lucila. “Donde mirás, hay cosas hechas por ellos”, aseguró.

Boschi Aguadas sigue contra viento y marea, en calle Castelli
Lo que perdura

Marcelo recordó que en el campo familiar hay un bebedero fechado en 1967 que sigue en uso. “Todo era de hormigón. Eso no se gasta”, dijo.

También mencionó los mosaicos del antiguo supermercado Arenales, partes de la iglesia, la cancha de pelota paleta y pisos históricos que todavía se conservan. La memoria, activa, trae lugares olvidados. Todos con el sello de la familia Boschi.

Hoy, entre nuevos proyectos y el peso de la herencia, Marcelo sostiene una convicción clara: no cerrar, no cortar la historia. “La cuestión no es cerrarla. La historia sigue abierta”, afirmó.

El tanque de la calle Goedelmann no sabe que cumplió cien años. No lo necesita. Sigue ahí, sosteniendo agua y memoria, como testimonio de un tiempo en el que trabajar bien era la mejor forma de trascender.

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