El concurso de asadores fue uno de los espacios más convocantes del Verano Folclórico en General Villegas y tuvo un elemento distintivo: la evaluación estuvo a cargo de una jueza con experiencia en este tipo de certámenes y un vínculo personal con la parrilla y el fuego.
Entre humo, brasas y música, la competencia se vivió como un ámbito de intercambio, respeto y fuerte carga emotiva.
Vanesa Alanis, oriunda de Anguil Pampa, integró el jurado del certamen y definió su participación como “un privilegio”.
“Para mí es un honor muy grande estar acá como jurada. Se siente emoción, se siente pasión por lo que hace la gente. Eso es lo que se transmite en cada parcela, en cada participante. Es un sentimiento que casi no tiene explicación”, expresó durante el desarrollo del concurso.
Su rol como jueza estuvo atravesado por una experiencia personal que marcó su mirada. Alanis supo estar durante años del lado del asador, una condición que le permitió evaluar con empatía y conocimiento del esfuerzo que implica competir. “Son sentimientos encontrados. Hoy estoy del lado del jurado, pero estuve mucho tiempo del lado del asador. Conocer los dos lugares es un privilegio y se sienten muchas cosas a la vez”, señaló.
La pasión, el eje de la competencia
Al referirse a qué no puede resignar un asador en un concurso, la jueza fue contundente. “El asado se tiene que hacer con pasión. Más allá de que sea un concurso, venir solo por un premio no tiene sentido. Es algo que tiene que llenar el alma”, afirmó.
En esa misma línea, remarcó que el espíritu del certamen va más allá del resultado final. “El concursante tiene que venir a pasarla bien. Lo que compite es la carne, no la persona”, sostuvo, sintetizando una idea que atravesó toda la jornada.
Alanis explicó que al momento de evaluar influyen distintos factores, desde el punto justo de cocción hasta la presentación final del plato. “Cuando un asador da vuelta la tapa, el color y el brillo de la carne dicen mucho. Ahí uno siente que hizo todo lo posible”, describió. Sin embargo, volvió a poner el acento en lo que deja la experiencia colectiva. “El aprendizaje entre participantes y las amistades que se generan son impagables”, agregó.
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Un marco folclórico que acompañó el fuego
El concurso de asadores se desarrolló como parte del Verano Folclórico organizado por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad. Mientras los equipos trabajaban sobre las brasas, el público recorrió las parcelas y acompañó cada instancia de la competencia, generando un clima de participación constante.
La propuesta incluyó además jineteada, desfile criollo, paseo de artesanos y espectáculos musicales, completando una jornada pensada para el encuentro familiar. Con una entrada general accesible y el ingreso gratuito para menores de 12 años, el evento volvió a consolidarse como una cita destacada del verano villeguense.
En ese contexto, el concurso de asadores volvió a reafirmar su valor como expresión cultural, donde el fuego y la carne funcionan como excusa para compartir saberes y tradiciones. Bajo la mirada atenta de Vanesa Alanis, la competencia encontró equilibrio entre exigencia, sensibilidad y celebración de una práctica profundamente arraigada.