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Goyo el Memorioso: Eusebio “el Negro” Álvarez, el ciclista que hizo grande al Villegas de la pista

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El ídolo, rodeado de sus admiradores

General Villegas tuvo épocas en las que el ciclismo era uno de los deportes más convocantes de la ciudad. Las carreras reunían multitudes y el velódromo de Unión Deportiva se convertía en un escenario donde la pasión por la bicicleta se vivía con intensidad. En aquellos años apareció una figura que marcó una época y que todavía hoy es recordada como uno de los grandes ídolos deportivos del distrito: Eusebio “el Negro” Álvarez.

Su nombre quedó asociado a la llamada época de oro del ciclismo villeguense. Quienes lo vieron correr sostienen que fue el máximo ídolo local de ese deporte. Ganó más de cien carreras en distintos puntos del país y supo destacarse tanto en pista como en ruta, aunque fue en el velódromo donde desplegó su mejor versión.

Los orígenes de un campeón

Eusebio Álvarez nació en 1929. Era hijo de Adolfo Álvarez y Concepción Pérez, inmigrantes españoles provenientes de Zamora. La familia vivía en una zona rural cercana a General Villegas, en tiempos en que los alrededores de la ciudad todavía eran extensiones de campo abierto.

Durante su juventud realizó distintos trabajos. Asistió a la Escuela Nº 17 y más tarde trabajó en una quesería. Con el tiempo ingresó a desempeñarse en la usina eléctrica de la ciudad, donde desarrolló parte de su vida laboral.

La bicicleta llegó a su vida casi por casualidad. Su padre decidió comprarle una para que pudiera trasladarse al trabajo. La intención era simple: evitar que se entusiasmara con las carreras cuadreras de caballos, una actividad que no le generaba demasiada confianza.

Sin embargo, aquella bicicleta terminaría marcando el rumbo de su historia deportiva. Álvarez comenzó a entrenarse y pronto se entusiasmó con la competencia. Un vecino, Esteban Aranguren, le construyó una bicicleta de carrera, y con ese rodado debutó en 1948 en una competencia para ciclistas debutantes y de tercera categoría en Cuenca.

El resultado fue contundente: ganó la carrera. Aquella victoria fue el inicio de una trayectoria que lo llevaría a competir en numerosos circuitos del país.

El ciclismo y el velódromo de Unión Deportiva

El crecimiento deportivo de Álvarez coincidió con el auge del ciclismo en General Villegas. En 1936 se había fundado Unión Deportiva Villegas, una institución que inicialmente promovía el atletismo, pero que pronto encontró en el ciclismo uno de sus principales motores deportivos.

En 1949 se inauguró el velódromo de la entidad, una pista de tierra con peraltes pronunciados que se transformó en un punto de encuentro para corredores y aficionados. Las carreras convocaban a cientos y, en ocasiones, a miles de espectadores que seguían cada vuelta con entusiasmo.

En ese escenario el Negro Álvarez se convirtió en una figura central. Su estilo de pedaleo era particular: se mantenía siempre sentado en el asiento de la bicicleta, incluso en los sectores más exigentes del circuito. Su potencia y resistencia le permitían sostener ritmos altos durante toda la competencia.

Muchas carreras terminaban con la misma imagen: el pelotón detrás y el ciclista villeguense cruzando primero la línea de llegada.

Triunfos en todo el país

Álvarez no solo brilló en Villegas. Participó en numerosas competencias regionales y nacionales, donde obtuvo triunfos y podios que consolidaron su prestigio deportivo.

Compitió y ganó carreras en ciudades como Trenque Lauquen, General Pico, Santa Rosa, Río Cuarto, Pehuajó, Bolívar, Lincoln y Venado Tuerto, entre otras. Su nombre comenzó a ser conocido dentro del ambiente del ciclismo argentino.

Uno de los momentos más importantes de su carrera llegó en 1953, cuando participó en una competencia multitudinaria en el circuito KDT de Palermo, en Buenos Aires. En aquella carrera participaron más de doscientos ciclistas y Álvarez logró quedarse con el primer puesto, consagrándose campeón argentino en la categoría popular.

Su mejor etapa deportiva se extendió aproximadamente entre 1953 y 1955, período en el que obtuvo numerosos triunfos y consolidó su condición de referente del ciclismo regional.

Un hombre sencillo y querido

Quienes compartieron con él aquellos años recuerdan a Eusebio Álvarez como una persona sencilla, cordial y muy querida en el ambiente deportivo. Más allá de las victorias, valoraba especialmente la amistad que había construido con otros ciclistas y con la gente vinculada al ciclismo.

Solía repetir que lo más importante que le había dado la bicicleta no eran los triunfos sino los amigos que había hecho en el camino. Esa manera de ver el deporte se reflejaba también en su actitud después de las carreras, cuando invitaba a los ciclistas visitantes a compartir encuentros y comidas.

Con el paso del tiempo también desarrolló otra pasión: la caza. Se convirtió en un entusiasta cazador de perdices y liebres, actividad que disfrutaba junto a amigos en los campos de la zona.

Una muerte que conmocionó a Villegas

La vida del Negro Álvarez terminó de manera inesperada y trágica. En 1969, durante un encuentro al aire libre, intentó colocar una luz portátil cuando comenzaba a caer la noche.

Al manipular una caja con cables subterráneos recibió una descarga eléctrica que le provocó la muerte. Tenía apenas 39 años y se encontraba en plena madurez de su vida.

La noticia causó una profunda conmoción en General Villegas. Muchos vecinos sintieron que el pueblo perdía a uno de sus grandes ídolos deportivos, un hombre que había llevado el nombre de la ciudad a distintos puntos del país.

El recuerdo de Eusebio “el Negro” Álvarez permanece ligado a aquella etapa dorada del ciclismo local. Su historia sigue siendo parte de la memoria deportiva de General Villegas, transmitida de generación en generación como uno de los capítulos más recordados del deporte villeguense.

 

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