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Consumos invisibles: cómo los “gastos vampiro” de la tecnología impactan en la factura de luz

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En una nueva entrega de la columna Tecnología al Paso, Gustavo González abordó un tema cotidiano pero muchas veces ignorado: el consumo eléctrico de los dispositivos que usamos a diario. Lejos de ser una cuestión técnica o exclusiva de especialistas, explicó que se trata de hábitos que pueden impactar directamente en el bolsillo.

“El problema es que son gastos ocultos, gastos fantasmas”, sostuvo, al referirse a aquellos aparatos que permanecen enchufados aun cuando no están en uso. Televisores en modo stand-by, cargadores conectados durante toda la noche o consolas de videojuegos en reposo son algunos ejemplos de consumos que, aunque pequeños de manera individual, suman en el total mensual.

Uno de los casos más comunes es el del televisor. Aunque esté “apagado”, en realidad permanece en un estado de espera que le permite encenderse desde el control remoto. “Ese modo stand-by consume entre 1 y 5 watts. Parece poco, pero si lo multiplicás por las horas del día en que no se usa, termina representando entre 2 y 10 kilowatts por mes”, explicó González.

Traducido a dinero, ese consumo puede rondar los 1.800 pesos mensuales por un solo dispositivo. “No es mucho por sí solo, pero cuando empezás a sumar varios aparatos, el impacto se nota”, advirtió.

El especialista mencionó además que este tipo de consumos “fantasma” puede representar entre un 5% y un 10% de la factura total de electricidad en un hogar.

Routers, consolas y cargadores: pequeños consumos constantes

Otros dispositivos que permanecen conectados de forma permanente también inciden en el consumo. El router de internet, por ejemplo, puede gastar entre 5 y 20 watts de manera continua, lo que equivale a unos 15 kilowatts mensuales.

Las consolas de videojuegos, incluso en reposo, consumen entre 10 y 15 watts. “Están todo el día prendidas para usarse apenas unas horas. Ese es un consumo importante que muchas veces no se tiene en cuenta”, señaló.

A esto se suman los cargadores de celulares que quedan enchufados sin uso. Aunque su consumo es bajo, forman parte de ese conjunto de gastos invisibles que se acumulan mes a mes.

Herramientas para medir y tomar conciencia

González recomendó utilizar simuladores de consumo eléctrico para dimensionar el impacto de cada aparato. Mencionó, por ejemplo, el simulador de la empresa EDEN y la calculadora del ENRE, que permiten estimar el consumo mensual de los dispositivos del hogar.

“Ahí podés cargar una heladera, un televisor, un router, y empezar a entender cuánto te está costando cada cosa”, explicó.

Tecnología, hábitos y educación

Más allá de los números, el especialista puso el foco en los hábitos. “Tiene que ver con la costumbre y la educación. Antes nos enseñaban a apagar la luz; hoy tenemos que incorporar también el desenchufar lo que no usamos”, indicó.

En ese sentido, destacó la importancia de adoptar pequeñas acciones: desenchufar dispositivos, optar por iluminación LED, utilizar modos de ahorro de energía y, en lo posible, incorporar herramientas de domótica que permitan automatizar el consumo.

También remarcó la necesidad de informarse antes de comprar un electrodoméstico. “A veces elegimos el más barato, pero después consume mucho más. Es importante mirar la eficiencia energética y pensar en el uso a largo plazo”, sostuvo.

El consumo que no vemos: la nube y el impacto ambiental

González fue más allá del hogar y planteó otro aspecto poco visible: el consumo energético de los servicios digitales. “Cuando usamos plataformas como Netflix o hacemos búsquedas en internet, eso también consume energía en servidores que están en algún lugar del mundo”, explicó.

Según detalló, ver una hora de contenido en streaming puede generar emisiones de carbono, mientras que millones de búsquedas diarias también implican un gasto energético global significativo.

En esa línea, mencionó el crecimiento de tecnologías como la inteligencia artificial, que requieren grandes volúmenes de energía y sistemas de refrigeración que incluso utilizan agua.

Pequeños cambios, gran impacto

Finalmente, el columnista dejó un mensaje claro: el ahorro energético no depende de grandes decisiones, sino de la suma de pequeños cambios cotidianos.

“Los grandes gastos los vemos, pero los pequeños son los que terminan desequilibrando. Si logramos controlar esos consumos invisibles, podemos hacer una diferencia real en la factura”, concluyó.

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