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Entre proyectos propios y la deuda colectiva: cuando la política mira más hacia adentro que hacia la comunidad

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Villegas en Movimiento (VEM), el bloque del oficialismo

La tercera sesión ordinaria del Concejo Deliberante de General Villegas dejó, más allá del tratamiento de los expedientes, una sensación difícil de ignorar: la política local parece, en algunos casos, más enfocada en capitalizar logros individuales que en consolidar un trabajo colectivo sostenido y visible para la comunidad.

No se trata de desmerecer iniciativas ni de cuestionar el valor de los proyectos presentados. Por el contrario, cada propuesta que busca mejorar la calidad de vida de los vecinos merece reconocimiento. Pero cuando el foco se corre hacia “lo propio”, cuando el énfasis está puesto en quién lo hizo antes que en qué se logró en conjunto, el mensaje que se transmite es otro.

En el inicio de la sesión, la concejal Sofía Mackay, de Fuerza Patria, expresó su satisfacción por la aprobación del proyecto vinculado al acta de compromiso con la Universidad Arturo Jauretche por el “arancel diferenciado”. Habló de su “granito de arena” para tal fin y del orgullo que le generaba haber sido parte. Un planteo legítimo, aunque enmarcado en una lógica donde la construcción colectiva queda en segundo plano.

En la misma línea, el concejal Germán Polari celebró el ingreso de su proyecto para la creación de un programa municipal de juegos infantiles en espacios públicos. “Ya me voy contento con eso”, señaló. Otra vez, la mirada puesta en el logro individual como medida de satisfacción política.

Cada cual atiende su juego

La escena, por momentos, pareció acercarse a esa vieja canción infantil de Don Pirulero, donde “cada cual atiende su juego”. La metáfora puede sonar liviana, pero encierra una lectura incómoda: cuando cada actor político se concentra exclusivamente en su propia iniciativa, en su propia agenda o en su propio reconocimiento, el tablero común queda relegado.

Desde el oficialismo, la dinámica no resultó muy distinta. Adrián Carenzo volvió a remarcar su presencia en el territorio y las gestiones que lleva adelante en relación a distintas problemáticas locales, mientras que César Julián se encargó de aclarar que lo ha acompañado en varias de esas intervenciones. La necesidad de dejar en claro quién estuvo, quién hizo y quién acompañó vuelve a aparecer como un eje central.

Por otra parte la concejal Cecilia Capponi, también del oficialismo, presentó un proyecto de ordenanza sobre la sobrepoblación de perros y gatos con firma propia, y no como una iniciativa del bloque. El expediente quedó en comisión.

Este tipo de posicionamientos no son nuevos ni exclusivos de un espacio. Forman parte de una lógica política más amplia, donde la construcción de identidad individual parece pesar tanto —o más— que la construcción colectiva. Sin embargo, cuando esa lógica se vuelve dominante, el riesgo es claro: el trabajo en conjunto se diluye y la política pierde capacidad de respuesta integral.

Un llamado que expone la tensión

Paradójicamente, fue la propia Capponi quien, sobre el cierre de la sesión, puso en palabras lo que sobrevoló durante toda la jornada. Llamó a los concejales a pensar en la comunidad, a bajar los niveles de confrontación y a aprovechar los tres espacios representados en el Concejo para articular esfuerzos.

“Estamos representando a los vecinos. Aprovechemos los tres espacios que están representados en el Concejo, los contactos con los que se cuenta en los distintos niveles para trabajar juntos. No nos olvidemos de la gente que está esperando qué vamos a lograr”, expresó.

Sus palabras no solo funcionaron como un cierre, sino también como un espejo. Porque si es necesario recordar algo tan básico como el sentido de la representación, es porque en algún punto ese eje se está desdibujando.

El desafío, entonces, no pasa por dejar de impulsar proyectos propios ni por invisibilizar el trabajo individual, sino por encontrar un equilibrio. La política local necesita menos competencia interna por el protagonismo y más articulación real. Menos énfasis en el “yo” y más compromiso con el “nosotros”.

Porque, en definitiva, la comunidad no evalúa quién presentó más proyectos ni quién habló más veces en una sesión. Lo que espera —y con razón— es que los problemas encuentren respuestas. Y eso, claramente, no puede resolverse si cada cual atiende únicamente su propio juego.

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