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Una pasión que viaja miles de kilómetros: la historia de Oscar Oronoz y su amor por el TC

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Desde los siete años y de la mano de su padre, el villeguense convirtió al Turismo Carretera en una forma de vida. Viajes interminables, amistades en los boxes y muchos recuerdos.

Hay pasiones que nacen temprano y se quedan para siempre. En el caso de Oscar Oronoz, todo comenzó cuando apenas tenía siete años y su padre lo llevó por primera vez a una carrera de Turismo Carretera. Desde entonces, el ruido de los motores y el olor a combustible se transformaron en parte de su historia personal.

“Un simple aficionado apasionado del TC, nada más”, dice con humildad, aunque quienes lo conocen saben que su vínculo con la categoría es mucho más profundo que el de un espectador ocasional.

El origen de una pasión heredada

Para Oscar, el automovilismo no es solo un deporte, sino un legado familiar. Cada carrera tiene algo de recuerdo y cada recuerdo lo devuelve a su infancia. “Es una pasión que me inculcó mi viejo. Siempre digo que a los siete años me llevó a la primera carrera y de ahí acá estamos”, contó en su paso por OVACIÓN.

Su padre era hincha de Ford, aunque también tenía sus ídolos propios. Entre ellos, el recordado piloto Marco Ciani, figura histórica del automovilismo nacional, a quien seguía con devoción. Ese cruce entre la pasión por la marca y la admiración por los pilotos marcó una forma muy particular de vivir el TC, en donde el fanatismo no se limita a los colores, sino que se amplía a las personas.

Mucho más que una carrera

Para Oscar y su grupo de amigos, el Turismo Carretera no es solo lo que ocurre el domingo en la pista. El verdadero ritual comienza mucho antes.

Mientras muchos aficionados llegan solo el día de la competencia, ellos viven el fin de semana completo: salen desde Villegas, recorren cientos de kilómetros y se instalan desde el viernes para disfrutar cada instante.

“Nos vamos viernes a la mañana, hacemos el recorrido, saludamos a todos cuando están distendidos. El sábado ya no molestamos porque están poniendo el auto a punto, y el domingo es pleno de carrera y después volver”, relató. La carrera, incluso, parece ser apenas una parte del viaje. Lo más valioso es todo lo que rodea al evento: los encuentros, las charlas, los reencuentros.

Oronoz y Coronel junto a Norberto Fontana, ex campeón de TC y ex piloto de Fórmula 1
Amistades que nacen en los boxes

Con los años, Oscar y sus compañeros fueron construyendo algo que va más allá del fanatismo: una red de amistades que creció carrera tras carrera. “Te vas haciendo conocido de gente, y la marca la dejás un poquito de lado, ya le das prioridad a la persona”, explicó.

En ese recorrido conocieron a pilotos, mecánicos y fanáticos de todo el país. Entre ellos, nombres que hoy forman parte del presente del automovilismo, como Nacho Faín o Facundo Chapur, con quienes comparten charlas y encuentros cada vez que coinciden en un autódromo.

Las anécdotas se acumulan con el tiempo. Desde cruzarse con figuras históricas del automovilismo hasta generar vínculos inesperados con familias enteras que comparten la misma pasión. “Eso es lo que genera el TC. A veces hablás con alguien en la tribuna y terminás haciéndote amigo”, resumió.

Kilómetros de ruta y recuerdos

No hay distancia que detenga a un verdadero apasionado. Desde autódromos cercanos hasta destinos lejanos, Oscar y su grupo han recorrido buena parte del país siguiendo al Turismo Carretera.“Hasta Posadas hemos llegado”, contó con naturalidad, como si recorrer cientos o miles de kilómetros fuera algo habitual.

Oronoz junto a Julián Santero, campeón del Turismo Carretera en 2024

En cada viaje hay historias nuevas, pero también recuerdos que se repiten. Como aquellas imágenes que se mezclan con la radio encendida en casa, escuchando las transmisiones que marcaron época. “Se te viene tu viejo, se te viene estar sentado en tu casa escuchando la radio. Recordamos todo eso y lo seguimos disfrutando”, expresó.

Un ritual que se renueva cada fin de semana

Hoy, décadas después de aquella primera carrera, la pasión sigue intacta. El ritual se repite cada vez que se acerca una nueva fecha del calendario: preparar el viaje, organizar el grupo y salir a la ruta.

En esta oportunidad, el destino fue Concepción del Uruguay, a más de 600 kilómetros, una distancia que para ellos ya forma parte de la costumbre. “Uno ya le agarró la mano a la jornada, sabe cuándo hablar, cuándo dejar trabajar a los equipos. Es disfrutar, no es otra cosa”, señaló. Porque, en definitiva, el Turismo Carretera es mucho más que autos girando a velocidad. Es amistad, es memoria y es identidad.

Para Oscar Oronoz, esa pasión heredada se convirtió en un estilo de vida. Y cada vez que un motor se enciende, vuelve a sentirse aquel chico de siete años que descubrió, de la mano de su padre, un amor que nunca se apagó.

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