El entrenador de tenis recordó la etapa que marcó sus inicios en General Villegas, y cómo luego continuó creciendo profesionalmente en el exterior.
Hay historias que quedan ligadas para siempre a un club. Y en el tenis de General Villegas, uno de esos nombres es el de Amancio Ayala. El entrenador, que trabajó en La Lucila Polo Club entre 1999 y 2008, recordó con afecto aquella etapa que marcó el inicio de un camino que hoy continúa recorriendo entre canchas, alumnos y enseñanzas.
Durante una entrevista realizada en el Club del Campo La Esperanza, en Pilar, Ayala repasó cómo fue su llegada a Villegas y el crecimiento profesional que tuvo a partir de allí.
“Muy linda, desde el primer día que llegué hasta el último día”, expresó sobre su paso por La Lucila, donde comenzó trabajando con chicos, adultos y en la colonia de verano junto a Gerardo Calzada y Alejandro Barriano.
Antes de desembarcar en Villegas, Ayala había trabajado en Pehuajó como ayudante de su profesor, Carlos González, y de Catio La Rosa. La oportunidad apareció cuando La Rosa viajó a España y quedó vacante un lugar como entrenador.
En Villegas encontró mucho más que trabajo. También amistades que conserva hasta hoy. Entre ellas, la del profesor de golf Francisco del Pino, con quien incluso continúa compartiendo encuentros y asados años después.
Tras su etapa en La Lucila, el entrenador dio un salto importante en su carrera y se mudó a Italia, donde permaneció durante dos años perfeccionándose en entrenamiento y formación. Allí trabajó primero con entrenadores italianos y luego junto a un coach argentino vinculado al circuito profesional.
Más tarde llegó otra experiencia trascendental: integrarse a la academia del extenista profesional Franco Davín, en Buenos Aires. Allí trabajó durante cinco o seis años con jugadores juveniles y jóvenes adultos de alto rendimiento.
Sin embargo, más allá de las academias y la competencia, Ayala siempre encontró un lugar especial en la enseñanza para los más chicos.
“De ahí agarré el gusto de estar con los más chiquititos, que transmiten una energía muy linda”, contó, al recordar sus primeros pasos en la colonia de verano de La Lucila.
Actualmente, el entrenador desarrolla su actividad principalmente en Pilar y Capital Federal. Los miércoles trabaja durante toda la jornada en el Club del Campo La Esperanza, mientras que en Buenos Aires da clases en el Sirio Libanés, donde entrena a grupos de adultos y jóvenes, muchos de ellos provenientes del interior.
Su llegada a Pilar también tuvo un vínculo con General Villegas. Fue gracias a Sebastián Ruiz y a la relación con Victorino Ruiz —polista profesional a quien Ayala entrenó de pequeño— que comenzó a dar clases en la zona vinculada al polo.
Con más de dos décadas dedicadas a la docencia del tenis, Ayala sigue disfrutando de la misma pasión que lo acompañó desde sus comienzos.
“En mi tiempo me gusta estar en una cancha de tenis”, resumió. Una frase sencilla, pero que explica perfectamente una vida entera ligada al deporte.
