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martes, mayo 19, 2026
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Del motorhome a las fábricas en Italia: cómo Bruno Di Bartolo volvió a ponerse en marcha rumbo a Alaska

El villeguense Bruno Di Bartolo retomó desde Canadá una historia que Diario Actualidad ya había contado hace dos años: la de un viaje en motorhome, junto a Cami y sus perras, con un objetivo tan lejano como persistente: llegar a Alaska y, desde allí, unir ese extremo del continente con Argentina.

La aventura, sin embargo, estuvo lejos de ser lineal. Lo que en un principio parecía una ruta trazada hacia el norte se transformó en una sucesión de imprevistos, pausas obligadas, trabajos en Europa, deudas, fronteras complicadas y nuevas decisiones. “El sueño siempre estuvo y por suerte lo mantuvimos”, resumió Bruno.

El viaje que se frenó cuando estaban cerca

Después de aquella primera entrevista desde una playa de México, Bruno y Cami tenían previsto subir hacia Alaska. Habían armado el motorhome, bautizado Amuní, y planificado el recorrido para evitar los inviernos más duros. Pero la economía cambió los planes.

“Contábamos con el dinero suficiente como para ir hasta Alaska y volver a bajar, pero tuvimos imprevistos económicos bastante grandes”, contó Bruno. Uno de ellos fue la operación de una de sus perras, a la que debieron atender por un tumor en México. “Fue bastante feo, pero la perrita está bien, sigue viajando con nosotros”, agregó.

Cuando ya estaban en Canadá y a unos 3.000 kilómetros de Alaska, decidieron frenar. “Fue horrible, porque teníamos todo muy bien planeado. Uno piensa que va a salir así y después pasa cualquier cosa que te derrumba todo”, dijo.

Italia, trabajo y una pausa necesaria

La primera alternativa fue Grecia, donde a Bruno le había surgido una posibilidad laboral. Compraron pasajes para ellos y sus dos perras, pero la oportunidad se cayó el día anterior al viaje. La pérdida económica los golpeó de lleno. Con ayuda de familiares y amigos, volvieron a sacar pasajes, esta vez rumbo a Italia.

Allí apareció una posibilidad inesperada: cuidar durante tres meses una casa de campo cerca de Parma. “Cayó como del cielo. Era una villa enorme, con todos los servicios pagos. Nosotros solo teníamos que cuidarla”, relató Bruno. Aquellos tres meses terminaron convirtiéndose en un año.

Durante ese tiempo, Bruno consiguió trabajo en una fábrica de salmón. “Lo loco era que los salmones venían de Canadá y de Alaska. Era como que me estaban diciendo: no te olvides de tu objetivo”, contó. Cami, por su parte, trabajó en una fábrica de tomate.

La prioridad fue recomponerse económicamente. “Aprovechamos que no pagábamos alquiler y juntamos la mayor cantidad de plata posible”, explicó. Con el paso de los meses lograron saldar deudas, estabilizarse y volver a pensar en Amuní, que había quedado estacionado en Canadá durante el invierno.

El reencuentro con Amuní

Cuando regresaron a Canadá, el reencuentro con el motorhome fue emotivo. “Se sintió como volver a casa. Es una casa sobre ruedas, distinta a las convencionales, pero fue un alivio. Dijimos: sí, es acá donde queremos estar”, expresó Bruno.

El vehículo había pasado temperaturas extremas, incluso de varios grados bajo cero. Aun así, lo encontraron mejor de lo esperado. Hubo algunos daños, como una serpentina del calefón que se rompió al congelarse el agua y una tapa del motor que debieron reemplazar, pero nada que impidiera retomar el camino.

El plan era bajar hacia México para pasar el invierno y luego subir nuevamente hacia Alaska. Pero otra vez apareció un obstáculo: en la frontera mexicana no los dejaron pasar. “Nos rebotaron. Fue feo, porque en una frontera te hacen sentir como delincuente”, señaló Bruno. Debieron regresar a Estados Unidos, quedarse en el sur de California y esperar que mejorara el clima canadiense.

Alaska, mucho más que un destino

A pesar de los tropiezos, Alaska sigue siendo el objetivo. Para Bruno y Cami ya no es solamente un punto en el mapa. Es una especie de promesa personal, una meta que resistió frustraciones, deudas, trabajos duros y cambios de rumbo.

“Representa un sueño que por momentos parece lejano, pero la idea siempre fue unir Alaska con Argentina”, dijo Bruno. Cami fue todavía más clara: “Muchas veces nos preguntamos por qué Alaska. Ya lo intentamos tres veces y siempre se frustró. Pero sentimos que tenemos que hacerlo, porque por algo queremos llegar ahí”.

Para ella, renunciar a ese objetivo dejaría una duda difícil de cargar. “Nos preguntamos cómo nos vamos a sentir después de haber renunciado a algo que queríamos hacer. Cuando un lugar te llama por algo, aunque no sepas por qué, hay que ir”, sostuvo.

Una vida sobre ruedas, con Villegas en el horizonte

Bruno y Cami esperan iniciar el tramo final hacia Alaska con la llegada del mejor clima. La idea no es simplemente cruzar la frontera y dar por cumplido el sueño, sino recorrer el estado, conocerlo y vivir esa etapa con tiempo.

Después vendrá el regreso hacia el sur. “Arrancamos para abajo, 100%”, anticipó Bruno. Y en esa imagen aparece General Villegas como punto de llegada posible. “Para nosotros sería ideal llegar ahí, estacionar cuadra por cuadra, entrar tocando bocina”, imaginó.

La escena soñada es clara: Amuní llegando a Villegas, después de haber cruzado medio continente, con Bruno, Cami y sus perras adentro. “Esperemos que la próxima sea en vivo y con el motorhome estacionado en la puerta de la radio”, dijo Bruno.

Por ahora, siguen en Canadá, cerca de Vancouver, bajo la lluvia y con el sueño intacto. El viaje cambió muchas veces de forma, pero no de sentido. Alaska sigue esperando. Y Bruno Di Bartolo, el villeguense que cambió la rutina por la ruta, todavía no piensa bajar los brazos.