En una nueva edición del espacio “Tecnología al Paso” en Actualidad, el especialista Gustavo González abordó una problemática cada vez más presente en la vida cotidiana: la falsa sensación de productividad generada por la hiperconectividad, las redes sociales y la necesidad permanente de responder mensajes, revisar notificaciones o mantenerse “activo” digitalmente.
Durante la charla, González planteó ejemplos muy cercanos a la realidad diaria de muchos vecinos y trabajadores. Desde el productor agropecuario que comienza el día mirando precios, clima y mercados, hasta el comerciante que revisa redes sociales, WhatsApp y cuentas bancarias antes de abrir el local. “A las ocho y cuarto ya sienten que trabajaron, pero en realidad solamente estuvieron viendo alertas y cosas”, explicó.
El eje central de la columna giró en torno a distinguir qué significa realmente trabajar y qué actividades solamente generan una percepción de productividad.
“Uno tiene que empezar a separar qué es trabajo y qué es productividad. Hay muchas cosas que hacemos durante el día que nos hacen sentir ocupados, pero que no generan resultados concretos”, sostuvo.
Entre esas conductas mencionó revisar constantemente el correo electrónico, responder mensajes cada pocos minutos, reorganizar archivos o participar de reuniones innecesarias.
También habló del fenómeno de las distracciones digitales, especialmente cuando una tarea termina derivando en largos minutos navegando por redes sociales.
“El problema es que uno cree que está haciendo muchas cosas, pero al final la tarea importante sigue pendiente”, remarcó.
En ese contexto también se habló del cansancio mental que provoca la hiperconectividad. La sensación de tener “ventanas abiertas” permanentemente —mensajes sin responder, tareas incompletas, pendientes laborales o personales— termina generando agotamiento emocional.
“Si el cerebro no recibe la orden de que el trabajo terminó, sigue activo todo el tiempo. Y eso hace que no exista un verdadero descanso”, explicó González.
El mito de la multitarea
Otro de los puntos desarrollados fue la falsa idea de que las personas pueden hacer múltiples tareas al mismo tiempo de manera eficiente.
“Creemos que somos multitarea, pero en realidad somos monotarea”, afirmó. Según explicó, cada vez que una persona cambia de actividad necesita varios minutos para volver a concentrarse plenamente.
Citó incluso estudios que indican que el cerebro puede tardar alrededor de 20 minutos en recuperar el foco luego de una interrupción. “Pasar constantemente de WhatsApp a un mail, después a Instagram y luego volver a trabajar tiene un costo enorme en concentración”, señaló.
A partir de esa realidad, compartió algunas recomendaciones concretas para reducir el desgaste mental y mejorar la organización diaria.
Bloques horarios y desconexión
Entre las herramientas sugeridas destacó la importancia de definir bloques específicos de trabajo.
“Si voy a hacer facturación de 9 a 10.30, hago solamente eso. No atiendo mensajes ni me pongo con otras tareas”, ejemplificó.
También recomendó establecer momentos concretos para revisar mensajes y dejar períodos sin interrupciones. “Si hay algo urgente, van a llamar. Pero no podemos vivir pendientes del teléfono las 24 horas”, dijo.
Otro aspecto que consideró fundamental fue delimitar claramente el final de la jornada laboral. “El fin del día tiene que existir”, expresó, y mencionó incluso casos judiciales en otros países donde empleados demandaron a empresas por recibir mensajes fuera del horario laboral.
En esa línea destacó una práctica que observa cada vez más: trabajadores independientes que utilizan dos números de WhatsApp, uno laboral y otro personal, para separar ámbitos y proteger tiempos de descanso.
La técnica Pomodoro
Dentro de las estrategias para mejorar la concentración, González explicó el funcionamiento de la conocida “técnica Pomodoro”, inspirada en los tradicionales relojes de cocina con forma de tomate.
El método propone trabajar durante 25 minutos completamente enfocados en una tarea y luego tomar 5 minutos de descanso.
“Esos cinco minutos son importantes. Caminar, despejarse o alejarse un momento hace que el cerebro recupere energía y vuelva a enfocarse mejor”, explicó.
Además aconsejó utilizar modos “No molestar”, agrupar notificaciones y silenciar grupos de WhatsApp con exceso de actividad.
“Cuando agrupás notificaciones, también le estás diciendo a tu cerebro que no todo es urgente”, indicó.
La columna cerró dejando una reflexión clara: en tiempos de hiperconectividad, aprender a desconectarse ya no es un lujo, sino una necesidad para preservar la salud mental y recuperar una productividad real.
