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Gregorio Alustiza, uno de los inmigrantes que ayudó a construir el General Villegas de principios del siglo XX

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La casona de la calle Necochea 549 549 (actual Estudio Contable de Echenique y Emín), residencia de los Alustiza

Cada jueves, el espacio de Goyo el Memorioso permite viajar por la historia de General Villegas a través de personajes, familias y acontecimientos que dejaron huella en la comunidad. Esta vez, eligió un tema especialmente emotivo: la vida de su abuelo, Gregorio Alustiza, a quien nunca llegó a conocer, pero cuya trayectoria quedó profundamente ligada al desarrollo social, comercial e institucional de la ciudad.

“Cómo me hubiera gustado conocerlo”, confesó Goyo al comenzar el relato sobre aquel inmigrante vasco que llegó a la Argentina siendo apenas un adolescente y terminó convirtiéndose en uno de los vecinos destacados del Villegas de principios del siglo pasado.

De Idiazabal a la Argentina

Gregorio Alustiza nació en Idiazabal, en el País Vasco español, y llegó al país en 1893 junto a sus padres, Saturnino Alustiza y Rosa Aseguinolaza, y sus seis hermanos. La familia se embarcó en el puerto francés de Burdeos y se instaló inicialmente en Del Campillo, Córdoba, un punto de destino frecuente para muchos inmigrantes españoles de la época.

Años después se trasladaron a General Villegas, donde Gregorio comenzó a trabajar junto a sus hermanos Juan y Antonio en un negocio de Pedro Imaz y Cía. Más tarde se independizó y abrió su propio comercio de ramos generales en la esquina de Necochea y Alberti.

“Era una personalidad muy especial, muy amigable, de esos tipos que convocaban y unían”, destacó su nieto.

Una historia de amor frente al almacén

La vida familiar de Gregorio también quedó marcada por una historia que hoy parece salida de una novela. Frente al almacén donde trabajaba vivían el vasco francés Juan Bautista Harispe y María Lucambio con sus dos hijas, María Elena y María Luisa.

Según recordó Goyo, los hermanos Alustiza pronto repararon en aquellas jóvenes que llamaban la atención por su belleza. Con el tiempo, Gregorio se casó con María Luisa Arispe y su hermano Juan hizo lo propio con María Elena. “Dos hermanos con dos hermanas”, resumió entre sonrisas.

El matrimonio de Gregorio y María Luisa formó una familia numerosa, como era habitual en aquellos tiempos. Tuvieron once hijos: ocho mujeres y tres varones. Nació en 1909 María Luisa, 1911 Gregorio, 1913 Inés, 1915 Raquel, 1917 Leonor, 1919 Nélida, 1921 Néstor, 1923 Oscar, 1926 Elsa, 1928 Ada y 1931 Nilda.

La casa familiar, ubicada sobre calle Necochea, se convirtió en escenario de reuniones y celebraciones que permanecieron durante décadas en la memoria de la familia.

María Luisa Harispe y sus once hijos

Compromiso con las instituciones

Más allá de su actividad comercial, Gregorio Alustiza se destacó por su participación comunitaria. Fue presidente de la Sociedad Española de Socorros Mutuos, institución que en aquellos años tenía una enorme importancia social para los inmigrantes y sus descendientes.

Según relató su nieto, una de sus principales virtudes era la capacidad para acercar posiciones y resolver diferencias internas.

“Había mucha discrepancia entre algunos socios y él lograba unir, limar asperezas y hacer que muchos volvieran a acercarse a la institución”, recordó.

Su participación también estuvo vinculada a otros proyectos fundamentales para la ciudad.

Impulsor de la Escuela de Artes y Oficios

En 1936 integró el grupo de vecinos que promovió la creación de la Escuela de Artes y Oficios (hoy EEST N° 1), una institución destinada a brindar formación en carpintería, herrería y mecánica cuando la oferta educativa local era todavía muy limitada.

Junto a figuras como Constantino Gómez, Alejandro Grau-Bassas, Ramón Molina y Juan Sagardoy, contribuyó a poner en marcha una iniciativa que marcaría a generaciones de jóvenes villeguenses.

Además, participó activamente en la comisión encargada de llevar adelante la construcción del templo parroquial inaugurado en 1937. En aquellos años se desempeñaba como tesorero y colaboró en las gestiones económicas necesarias para concretar una obra que demandó largos años de esfuerzo.

Gregorio Alustiza en su juventud

Un invitado destacado en la llegada del ferrocarril

Otro dato que refleja el reconocimiento que había alcanzado en la comunidad fue su presencia entre los invitados especiales a la inauguración del ramal de la Compañía General de Buenos Aires, el actual Ferrocarril Belgrano, que llegó a General Villegas en 1912.

Aquel acontecimiento constituyó un verdadero hito para la ciudad y reunió a autoridades y vecinos especialmente seleccionados para participar de los festejos.

Para entonces, Gregorio ya se había convertido en un referente local, vinculado no sólo al comercio sino también a la actividad cerealera, recorriendo distintos puntos de la región.

El legado de quienes construyeron la comunidad

Gregorio Alustiza falleció en 1953 a los 73 años. Cuatro años después nacería su nieto Román, quien heredó no sólo el nombre sino también la inquietud por rescatar historias y mantener viva la memoria de quienes contribuyeron al crecimiento de General Villegas.

“Fueron personas que aportaron su granito de arena para construir la comunidad”, reflexionó Goyo durante la charla.

El recuerdo de su abuelo sirvió además para destacar el papel que tuvieron muchos inmigrantes en el desarrollo de las instituciones locales y en la formación de una identidad colectiva basada en el compromiso y la participación.

Porque detrás de cada edificio emblemático, de cada escuela y de cada institución que aún hoy forman parte de la vida cotidiana de General Villegas, aparecen historias como la de Gregorio Alustiza: vecinos que llegaron desde lejos y eligieron hacer de esta tierra su lugar en el mundo.

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