El Ingeniero de Sistemas analizó el impacto de la inteligencia artificial en la vida cotidiana, el trabajo, la educación y la salud. Señaló que la herramienta ofrece enormes ventajas, pero alertó sobre el peligro de perder el pensamiento crítico y compartir información sensible.
La inteligencia artificial dejó de ser una tecnología del futuro para convertirse en una herramienta de uso cotidiano. Cada vez más personas la utilizan para estudiar, redactar textos, resolver dudas, organizar tareas e incluso buscar contención emocional. Sin embargo, ese crecimiento acelerado también plantea nuevos desafíos.
Así lo explicó el ingeniero Gustavo González durante su habitual participación de los martes en Radio Actualidad, donde analizó cómo la IA está modificando hábitos, formas de trabajo y procesos de aprendizaje.
El especialista sostuvo que el gran desafío no pasa por rechazar la tecnología, sino por aprender a utilizarla sin perder la capacidad de pensar y decidir por cuenta propia.
«Tenemos que aprender a convivir con la inteligencia artificial para que podamos dominar nosotros ese conocimiento nuevo y no dejar que ella nos domine a nosotros», resumió.
La inteligencia artificial ayuda, pero no decide
La charla comenzó con una comparación entre el uso de la tecnología en el deporte y el papel que hoy ocupa la inteligencia artificial.
González explicó que una cosa es utilizar estadísticas para comprender qué sucede durante un partido y otra muy distinta es permitir que una herramienta tome las decisiones.
«Las estadísticas sirven para saber cómo está jugando un equipo, cuáles son sus fortalezas o qué aspectos mejorar. Pero después la decisión la toma el entrenador. El olfato y la intuición siguen siendo humanos», afirmó.
En ese sentido, remarcó que el problema aparece cuando las personas dejan de analizar la información y simplemente aceptan lo que les recomienda la inteligencia artificial.
Un informe que encendió las alarmas
El ingeniero hizo referencia a un estudio publicado por Harvard Business Review que advierte sobre un fenómeno creciente: la tendencia a pensar menos porque la inteligencia artificial ofrece respuestas inmediatas. «Nos estamos poniendo más holgazanes para pensar», resumió.
Según explicó, la IA suele responder de manera complaciente, reforzando muchas veces las ideas del usuario en lugar de cuestionarlas. «Cuando interactuamos con la inteligencia artificial siempre parece decirnos ‘qué buena idea’. Esa sensación puede llevarnos a confiar demasiado en lo que responde», señaló.

El uso que más creció no es el que muchos imaginan
Contrariamente a lo que suele suponerse, González reveló que el principal uso de la inteligencia artificial en la actualidad no está relacionado con la programación ni con la generación de imágenes.
«El uso más grande hoy es el terapéutico», explicó. Cada vez más personas recurren a estas herramientas para hablar de problemas personales, conflictos de pareja o situaciones emocionales.
Sin embargo, advirtió que este tipo de utilización requiere especial cuidado, ya que existen demandas judiciales contra empresas desarrolladoras por casos en los que usuarios vulnerables habrían recibido respuestas que terminaron influyendo negativamente en sus decisiones.
Salud: una herramienta útil, pero nunca un reemplazo
Otro de los ámbitos donde más crece el uso de la inteligencia artificial es la medicina.
Muchas personas ya consultan síntomas o incluso cargan estudios médicos para obtener una primera orientación.
González reconoció que estas plataformas poseen una enorme base de conocimiento, construida a partir de publicaciones científicas y material académico, lo que permite ofrecer respuestas cada vez más precisas.
No obstante, fue categórico al remarcar que «eso no reemplaza a un médico». Explicó que un profesional cuenta con el contexto completo del paciente y puede interpretar la información clínica de una manera que ninguna herramienta automatizada logra hacer.
Educación: aprender con IA, pero sin dejar de pensar
El ingeniero también se refirió al impacto en las escuelas y universidades. Reconoció que la inteligencia artificial puede convertirse en una excelente herramienta para estudiar, explicar conceptos o preparar exámenes. Como ejemplo, sugirió utilizarla para pedir simulaciones de preguntas o explicaciones adaptadas a distintas edades.
Sin embargo, insistió en que el riesgo aparece cuando los estudiantes simplemente copian las respuestas sin comprenderlas. «Hay que leer lo que genera la inteligencia artificial, entenderlo y hacerlo propio», sostuvo.
Incluso recordó un caso judicial en el que un escrito presentado contenía, sin editar, las sugerencias automáticas que la propia IA incorpora al finalizar sus respuestas, evidencia de que el texto había sido copiado sin revisión.
Las «alucinaciones» de la inteligencia artificial
Otro aspecto que destacó fue que la IA «nunca dice que no sabe». Cuando no encuentra información suficiente, muchas veces genera respuestas incorrectas con gran seguridad. Ese fenómeno recibe el nombre de «alucinaciones».
Durante la entrevista se compartió un ejemplo humorístico utilizando información sobre una persona conocida de General Villegas, donde la inteligencia artificial mezcló datos reales con otros completamente inventados.
«Puede recrear respuestas que no tienen nada que ver con la realidad», explicó González.
Cuidado con la información que se comparte
Uno de los principales llamados de atención estuvo relacionado con la privacidad. El especialista recomendó no subir a plataformas de inteligencia artificial información que una persona no estaría dispuesta a hacer pública.
«No hay que compartir análisis médicos, extractos bancarios o información sensible», advirtió. Explicó que, dependiendo del servicio utilizado, esos datos pueden formar parte del entrenamiento de los modelos o quedar expuestos a distintos riesgos de seguridad.
La misma recomendación extendió al ámbito empresarial. «No subiría jamás una lista de costos o información estratégica de una empresa a una inteligencia artificial abierta», ejemplificó.
Una nueva forma de hacer publicidad
González también señaló que el crecimiento de la IA está modificando la forma en que las empresas buscan posicionarse en internet.
Si antes el objetivo era aparecer entre los primeros resultados de Google mediante estrategias de SEO, ahora comienza a desarrollarse lo que denominó «AI Optimization», orientado a lograr que los asistentes de inteligencia artificial recomienden determinadas marcas, productos o servicios cuando los usuarios realizan consultas.
Según explicó, incluso ya comenzaron a aparecer formatos publicitarios dentro de algunas plataformas de inteligencia artificial.
«No debemos dejar que nos domine»
Sobre el cierre, Gustavo González resumió cuál considera que debe ser la relación entre las personas y esta tecnología.
«Aprender a convivir con la inteligencia artificial para que podamos dominar nosotros ese conocimiento nuevo y no dejar que ella nos domine a nosotros», expresó.
Finalmente, destacó que el crecimiento de esta tecnología no tiene antecedentes por la velocidad con la que fue adoptada por millones de usuarios en todo el mundo.
«El crecimiento fue exponencial. No hay registros de otra tecnología que haya alcanzado semejante cantidad de usuarios en tan poco tiempo. Estamos viviendo una transformación que ya está cambiando la manera de trabajar, estudiar y generar conocimiento», concluyó.