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sábado, julio 25, 2026
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Atentado al edificio de la Policía Federal: un hecho poco conocido | Por José Luis Vázquez*

En esta ocasión vamos a usar, de manera imaginaria, la máquina de tiempo para hablar de un hecho que aún da mucha tela para cortar; y siendo que este año se cumplen 50 años del último golpe de Estado, revolución o abandono del gobierno (usted puede elegir la opción correcta que desee), les ofreceremos esta historia, muy poco conocida, que cumplió hace poco 50 años, como lo fue el atentado al edificio de la Policía Federal, acaecido el 2 de julio de ese año.

Pero para llegar a ese atentado contaremos la historia desde el último gobierno constitucional hasta llegar a este fatídico día.

1. El gobierno de 1973-1976

Luego de la renuncia de Héctor Cámpora al cargo de presidente de la República, y de su vicepresidente, Vicente Solano Lima, tras los hechos de Ezeiza en junio de 1973, Raúl Lastiri, entonces presidente provisional, hace un llamado a elecciones en la cual Juan Domingo Perón, ya libre de proscripción, ganaba aquellas elecciones de manera contundente, con más del 60 por ciento de votos y siendo secundado por María Estela Martínez de Perón, su tercera esposa (conocida como Isabel Perón).

La nueva dupla asumiría el cargo el 12 de octubre de 1973 y sería un gobierno muy complicado, ya que Juan Perón estaba en una situación de salud delicada, ya que tenía 77 años, y muchos dudaban de que pudiera finalizar la presidencia y por eso su esposa Isabel, más joven, podía ser un reemplazo importante en caso de que al primer mandatario le ocurriera un hecho de salud que lo dejara en un estado de parálisis al gobierno.

Para mala suerte de los argentinos, el gobierno constitucional debió enfrentar no solo el accionar de la guerrilla como el ERP, Montoneros, entre otras fuerzas de izquierda, así como también los ataques de la Triple A y de las fuerzas de seguridad desde la derecha, sino también al vaivén económico porque la suba del precio del petróleo (luego de la guerra entre Israel y Egipto) generaría el germen de una crisis que solo iría en aumento.

En julio de 1974 Juan Domingo Perón fallece, con 78 años, y su esposa se haría cargo de la presidencia de la República.

Lamentablemente el gobierno de María Estela Martínez no empezó nada bien y, para colmo, recibe todo el impacto de la crisis económica y energética por el petróleo, que llegaría a su clímax en 1975 con Celestino Rodrigo de ministro de Economía, que aplicaría un famoso plan económico llamado «Rodrigazo», el cual implicó aumento de las tarifas de los servicios públicos y una devaluación del Peso Ley 18.188 (que sustituía al Peso Moneda Nacional), lo cual hizo que los sindicatos peronistas, pese a recibir un aumento de salarios que percibían los trabajadores (que era inferior al aumento de precios de alimentos y servicios), no aguantaran más y le hicieran un paro al gobierno peronista en 1975, siendo la primera vez que lo hacían bajo ese signo político.

Esto tuvo como saldo la salida del ministro Rodrigo y de José López Rega, que dejó el país en una presunta «misión diplomática» (de hecho, no volvería a la Argentina hasta 1986 cuando pasó por los banquillos judiciales y murió poco después en la cárcel).

Si eso no era suficiente para la sociedad, la presidente mostró poco interés por gobernar o probablemente no era la persona idónea para llevar las riendas del país en esos momentos aciagos y, por ende, su ineptitud, falta de comprensión o de capacidad de la presidente provocó que el país cayera de manera vertiginosa, que la susodicha decidiera en varias oportunidades pedir licencias en el cargo (suponemos que fue por cuestiones de salud) y así Ítalo Luder, a cargo de la presidencia, ordenaría firmar varios decretos que autorizaban a las Fuerzas Armadas a combatir a la guerrilla hasta exterminarla o derrotarla completamente.

Y lo que es insólito para la sociedad de hoy es que gran parte de los ciudadanos de aquellos entonces y varios políticos, por ejemplo Ricardo Balbín, les pedían a los militares terminar con la agonía que estaban experimentando los habitantes de esa época y recuperar el orden.

Luego del ataque al Batallón de Arsenales «Domingo Viejobueno», acaecido en diciembre de 1975 en Monte Chingolo, que supuso el final del Ejército Revolucionario del Pueblo, Isabel Perón, de nuevo presidente, se reuniría con los comandantes de las Fuerzas Armadas (Jorge Rafael Videla por el Ejército, Emilio Eduardo Massera por la Armada y Orlando Ramón Agosti en representación de la Fuerza Aérea).

Según un video de Diego Recalde, cineasta y escritor, en la reunión la presidente no quería seguir al frente del país y los militares le habrían dicho que necesitarían de 90 días para hacer un inventario (en ese momento Montoneros había cobrado una importante suma de dinero por el secuestro de un miembro del grupo Bunge y Born) y luego, con acuerdo de la presidente, tomarían el poder.

Otras versiones indicarían que fue una reunión amena, en la que se hablaron de los problemas de entonces, pero nada que indicara una posible revolución, algo que el documental La República Perdida recalca.

También este documental nos informaría que en el año 1976 habría elecciones, aunque sin fecha determinada, y ahí surgen dos fechas: para el cineasta citado previamente, buscando archivos en ese documental, encontró que la fecha de la elección sería el 17 de octubre de 1976, en tanto La República Perdida sugería que el acto eleccionario iba a realizarse en diciembre de ese año.

Ya en los primeros días de 1976 la violencia seguía arreciando sin solución hasta que finalmente el 24 de marzo de ese año se pone fin al clima de anarquía con golpe o revolución que, a la postre, conformaría el régimen militar que gobernaría desde 1976 a 1983.

2. El atentado al edificio de la Policía Federal

Tras los hechos de marzo de 1976 la situación social del país fue cambiando de manera positiva, aunque la guerrilla urbana, ahora a cargo de Montoneros, seguía azotando a nuestro país.

En julio de 1976, mientras Buenos Aires se preparaba para vestirse de gala, se venía una nueva edición de la Exposición Rural en el barrio de Palermo.

El día 2 de julio, a las 13:20 horas (en ese entonces Argentina usaba el huso horario de tres horas al oeste de Greenwich), el grupo Montoneros perpetró el ataque que fue planificado por Rodolfo Walsh y Horacio Verbitsky y que contó con la colaboración de José María Salgado (que era un oficial de policía y que colaboraba con este grupo).

Según el libro La Guerra Civil Argentina, de Nicolás Márquez, la bomba que destruyó el comedor del edificio de la Policía Federal era del tipo vietnamita y contenía 9 kilos de trotyl y 5 kilos de acero.

El saldo del ataque, que fue el más importante y tal vez el último de gran magnitud de parte de Montoneros, tuvo un saldo final de 24 muertos (21 de manera instantánea, y de ellos un civil, y tres más que fallecieron en los días siguientes) y 60 heridos con diversos niveles de consideración.

Posteriormente se cree que en días posteriores hubo represalias por este ataque y justamente el encargado de colocar la bomba sería detenido y probablemente su paradero sea desconocido.

3. Consecuencias jurídicas y conclusión

Tras el atentado, el hecho quedó durante mucho tiempo en silencio y solo después de muchos años los familiares de los muertos y heridos se presentaron en la Justicia civil para obtener respuestas acerca de este hecho.

En 2011 la jueza María Servini de Cubría, tras revisar las pruebas, decretó la prescripción del hecho ocurrido por el tiempo pasado (más de 35 años) y ordenó el sobreseimiento de los autores intelectuales Rodolfo Walsh y Horacio Verbitsky, entendiendo que fue un delito común.

Pero en 2024 los jueces Llorens, Bertuzzi y Bruglia, de la Sala Primera de la Cámara Federal porteña, tras recibir las quejas provenientes de la Asociación Defensores de Derechos Humanos de Latinoamérica, Emilio Kalinec y Alicia de León, ordenaron reabrir el caso, entendiendo que el atentado cometido fue de lesa humanidad y, por tanto, violatorio de los derechos humanos, y ordenaron a la jueza Servini de Cubría reunir las pruebas y, de ser necesario, llamar a los acusados para que sean interrogados para reconstruir el hecho.

Ahora la pregunta: ¿por qué debe ser un delito de lesa humanidad?

La respuesta sería que este hecho no solo fue contra los militares o las fuerzas de seguridad, sino también contra la población civil que resultó herida o muerta en este ataque.

El tema es que Argentina, desde que adhirió al Tratado de Roma de 1998, solo tomó como delitos contra la humanidad a los hechos cometidos por las fuerzas de seguridad, así como por las tres ramas de las Fuerzas Armadas de nuestra nación en contra de la población civil, y tomando, por ende, los crímenes cometidos por los guerrilleros como actos normales (por ejemplo, robar, hurtar, estafar por teléfono).

Ahora, en el último tiempo, la Justicia comenzó a cambiar su visión y, por exigencia de los sujetos afectados por los actos de la guerrilla, quiere conocer esos actos dañinos para la sociedad.

Por tanto, si debiera emitir una opinión final, podría decir que la década del 70 en nuestro país es una historia dolorosa y al mismo tiempo apasionante y contradictoria, ya que una parte de los afectados recibió la justicia que anhelaban (condenando a militares, agentes y civiles por los hechos descriptos), mientras que otros aún esperan que alguna vez los autores de los crímenes puedan ser llevados a la Justicia y que paguen por sus fechorías.

Y, en lo personal, esperemos que todas las personas afectadas por los crímenes, de militares o guerrilleros, tengan la posibilidad de llevar a sus verdugos al banquillo y que reciban la justicia que se merecen.

En el caso contrario, condenar solo una parte por los hechos aberrantes y la otra no, porque sus hechos fueron comunes, hará que nuestro sistema democrático esté en crisis y nadie termine confiando en el sistema judicial, debido a la selectividad a la hora de juzgar los crímenes que acaecieron en la década de los años 70.

A modo de cierre, quien escribe esta columna estuvo presente en el acto conmemorativo, que fue el sábado 4 de julio.

La verdad fue muy hermoso y tuve la oportunidad de hablar con sobrevivientes de ese hecho y con gente que la verdad me llevé buena impresión (aunque nobleza obliga no daré sus nombres por pedido de ellos) y agradecer a los organizadores del acto.

La verdad me sirvió muchísimo, ya que aprendí otra parte de la historia que, en los tiempos en que era estudiante (sea como educando en la escuela o en la universidad), poco se habló de aquellos actos en contra de la humanidad.

Espero que este artículo le guste, Sr./Sra. lector/a, y reflexione un poco sobre el pasado para mejorar el presente y hacer un mejor futuro.

Las fuentes que se usaron para este artículo fueron las siguientes: