Los relojes inteligentes se convirtieron en una herramienta que permite registrar distintos aspectos de la actividad cotidiana. Durante una nueva edición de Tecnología al Paso, el ingeniero Gustavo González explicó qué información pueden obtener estos dispositivos y cómo utilizarla para incorporar hábitos más saludables.
Según detalló, dentro de un reloj inteligente conviven diferentes sensores, entre ellos acelerómetro, giroscopio, GPS y sensores de frecuencia cardíaca. A partir de esos elementos, el dispositivo puede registrar movimientos, pasos, velocidad, distancia recorrida y ritmo cardíaco, entre otros datos.
Algunos modelos también incorporan funciones más avanzadas y permiten utilizarlos sin tener el teléfono permanentemente conectado. Incluso existen dispositivos pensados para trekking y actividades en zonas alejadas que cuentan con conexión satelital para enviar un mensaje de ayuda ante una emergencia.
Diferentes niveles de tecnología
González explicó que existen distintas categorías de relojes, con diferencias importantes en la cantidad y precisión de los sensores.
En una gama inicial aparecen marcas como Xiaomi y Amazfit, que ofrecen funciones vinculadas principalmente con la actividad física y el seguimiento de caminatas o carreras. En un nivel superior se encuentran dispositivos de Samsung y Apple, que incorporan más sensores y funciones, como la posibilidad de realizar registros similares a un electrocardiograma.
Finalmente, están los relojes más especializados, como los Garmin destinados a corredores, triatlonistas y otros deportistas, que cuentan con una mayor cantidad de sensores y ofrecen mediciones más específicas.
Los precios también presentan una amplia diferencia. Según González, los modelos básicos parten de aproximadamente 44.000 o 45.000 pesos, mientras que los dispositivos más avanzados pueden superar el millón de pesos.

Medir el sueño y generar patrones
Otra de las funciones destacadas es el seguimiento del sueño. Los relojes utilizan información como movimientos, temperatura y ritmo cardíaco para establecer patrones y estimar diferentes etapas del descanso.
González aclaró que estas mediciones no reemplazan un estudio médico del sueño, pero pueden servir para detectar hábitos. Por ejemplo, permitirían observar que una persona se acuesta tarde de manera reiterada o que sus períodos de descanso presentan determinadas características.
“Te va a dar ciertos patrones que te van a ayudar”, explicó, al remarcar que la utilidad está en tomar esa información como referencia para modificar conductas y buscar un descanso más saludable.
Algo similar ocurre con la actividad física. El reloj puede registrar una caminata, calcular el ritmo por kilómetro, medir la frecuencia cardíaca y establecer la distancia recorrida. De esta manera, los usuarios pueden comparar diferentes jornadas y observar su evolución.
González puso como ejemplo sus propias caminatas con amigos: en una jornada registraron un ritmo de aproximadamente 11 minutos por kilómetro y, días después, lograron acelerar el paso. Los datos permitieron comprobar objetivamente esa diferencia.
Una ayuda, no un reemplazo del médico
González insistió en que la información proporcionada por estos dispositivos debe interpretarse como una herramienta de orientación y no como un diagnóstico.
Las estimaciones de calorías, por ejemplo, no representan una medición exacta, sino cálculos realizados a partir de los datos disponibles y de algoritmos. Del mismo modo, un registro cardíaco de un reloj no reemplaza un electrocardiograma realizado por un profesional.
“De ninguna manera es un médico y un reemplazo al médico, pero sí me va a dar patrones”, señaló.
En ese sentido, consideró que la principal utilidad de los relojes inteligentes está en ayudar a medir la actividad y reconocer determinados patrones, información que puede servir para tomar decisiones e incorporar hábitos más saludables.
Además de las funciones vinculadas con la salud y el deporte, estos dispositivos incorporan otras prestaciones, como recibir mensajes y recordatorios, realizar llamadas en algunos modelos y utilizar distintas aplicaciones sin necesidad de recurrir constantemente al teléfono.
Para González, se trata de una tecnología que puede resultar útil siempre que se la utilice como complemento y se mantengan los controles de salud correspondientes.