En una nueva edición de Goyo el Memorioso, se rescató del olvido la historia de Manuel Francisco “Pocho” Mendoza, un vecino de General Villegas que dedicó buena parte de su vida a escribir sobre personajes, lugares y escenas de la comunidad. Sus textos, publicados principalmente en Diario Actualidad, se convirtieron con el paso del tiempo en un valioso registro de la vida local.
Manuel Francisco Mendoza nació en 1933. Era hijo de Floriano Mendoza, oriundo de Santiago del Estero, y Dominga Marcos, española. La familia se instaló en General Villegas, en la zona de quintas, y posteriormente se mudó a una vivienda de la calle Belgrano, frente a la despensa El Sol y pegada al domicilio de Orestes Crusat. Allí vivió Pocho durante toda su vida.
Tuvo cuatro hermanos: María Elena, Floriano, Idelba y Norberto. Entre ellos estaban Floriano, conocido también como Felipe Mendoza, y Norberto, apodado “el Mocho”. De esta manera, en la familia convivían los sobrenombres que terminaron siendo mucho más conocidos que los nombres de pila.
De los estudios a los fierros
Pocho cursó sus primeros estudios en la Escuela N.º 2 y luego asistió a la Escuela Sánchez, dirigida por Gregorio Sánchez. Allí podía formarse como tenedor de libros, dactilógrafo y taquígrafo. Más adelante continuó en el Instituto Secundario Comercial, una alternativa que le resultaba más accesible porque ya había comenzado a trabajar, concurría en horario nocturno y podía completar sus estudios en menos tiempo.
Sin embargo, su verdadera pasión estaba lejos de los libros contables. Mendoza era un amante de los fierros, las motos y el automovilismo. En los comienzos de Omar Cañibano, durante la década del 50, colaboró como mecánico en distintas competencias. También disfrutaba de la pesca, actividad que practicaba con frecuencia en el parque.
Era hincha de Chevrolet, Atlético y Boca, aunque el fútbol ocupaba un lugar secundario frente a sus otras pasiones. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre tranquilo, de dar consejos, escuchar y contar numerosas anécdotas.
Un escritor de personajes y recuerdos
Con el tiempo, Pocho comenzó a escribir y encontró en Diario Actualidad un espacio para compartir sus recuerdos. Mantuvo una importante amistad con Mario Piacentini, quien publicaba sus textos en el diario.
En una época sin computadoras, celulares ni internet, Mendoza escribía a máquina. Buena parte de esos materiales llegaban al diario. Era «el loco» de las fotocopias, sus visitas eran permanentes a «El Cable», quiosco vecino, para que «Chola» con mucha paciencia reprodujera sus crónicas.
Sus escritos recuperaban a numerosos personajes de la vida cotidiana de General Villegas. Entre ellos aparecían Naftalina, el Toro Mocho, el Pocho de la Ninfa, el «Croto» Jacobo Bienz, «Finito» Etcheverry y Soto, entre muchos otros.

Para Goyo, esa tarea adquiere una dimensión especial con el paso de los años. “Las cosas pasan, si alguien no las escribe, se pierden”, fue la idea que atravesó su recuerdo. En ese sentido, destacó que Mendoza logró dejar plasmados acontecimientos y personajes que, de otro modo, podrían haber quedado solamente en la memoria oral.
Alustiza también lo ubicó junto a otros grandes memoriosos de la ciudad, entre ellos Quito Specona, contemporáneo de Pocho y también nacido en 1933. Mientras Specona llegó a publicar libros, Mendoza difundió sus recuerdos principalmente a través de las páginas de Diario Actualidad.
Una vida atravesada por la memoria
Pocho también disfrutaba del ajedrez y existen fotografías que lo muestran compartiendo partidas con José «Pepe» Migueliz, quien fuera concesionario de IKA-Renault en General Villegas.
En 1962 se casó con Pilar Tula, conocida como “Pocha”, quien fue una destacada enfermera de la Clínica Modelo. En 1965 nació su hijo, apodado “Pochito”.
Con el paso de los años, la salud de Mendoza comenzó a deteriorarse. En sus últimos tiempos utilizaba una silla de ruedas, pero eso no le impedía ejercer su derecho al voto. Según recordó Goyo, cuando llegaban las elecciones lo trasladaban hasta la escuela donde debía sufragar y, como ya conocían su situación, le acercaban la urna para que pudiera emitir su voto.
Manuel Francisco “Pocho” Mendoza falleció en 2009, a los 76 años.
Su legado, sin embargo, permanece en aquellos escritos en los que retrató una época y recuperó los nombres de personas y lugares que formaron parte de la historia cotidiana de General Villegas. Para Goyo el Memorioso, recordar a Pocho también es reconocer la importancia de quienes entendieron que escribir sobre los demás es una manera de evitar que una parte de la historia de una comunidad se pierda con el paso del tiempo.
“Uno de los nuestros”, lo definió Alustiza al finalizar su homenaje. Y acaso allí esté la mejor síntesis de este recuerdo: el de un vecino que, sin grandes pretensiones, escribió mucho más de lo que podía imaginarse sobre General Villegas y dejó en sus páginas una memoria que hoy vuelve a ser recuperada.
- Año 1962, su casamiento con Pilar Tula
- Postal familiar de «Pocho», con sus padres y hermanos