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De Santa Regina a Puerto Rico: Roberto Lucena convirtió los sueños en camino

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A los 16 años dejó Santa Regina con una pequeña valija, algunas prendas de ropa y la convicción de que necesitaba buscar nuevos horizontes. Casi seis décadas después, Roberto “Beto” Lucena tiene 71 años, vive en San Juan de Puerto Rico y conserva intacto el vínculo con el pueblo donde nació y se crió. Entre aquel adolescente que partió hacia Mar del Plata y el hombre que construyó durante casi 40 años una vida en el Caribe hay una historia atravesada por el trabajo, la perseverancia, los viajes, el mundo del espectáculo y, sobre todo, la necesidad de seguir aprendiendo.

Lucena fue entrevistado en el programa 147 de GPS Villeguenses por el Mundo por FM Actualidad 93.7. Desde Puerto Rico, repasó una vida que lo llevó por Mar del Plata, Buenos Aires, San Telmo y finalmente, a establecerse en Puerto Rico, donde encontró oportunidades profesionales que nunca había imaginado.

Pero antes de todos esos caminos estuvo Santa Regina. Allí pasó su infancia, junto a sus padres y hermanos, y allí comenzó a formarse el carácter que, según cuenta, después le permitió afrontar cada uno de los desafíos que encontró lejos de su tierra.

“Si tuviese que elegir dónde nacer, nacería de vuelta en Santa Regina”, sostuvo. Y explicó que su pueblo le dejó aprendizajes que conserva hasta hoy. “Santa Regina me hizo fuerte”, resumió, al recordar algunas experiencias de su infancia y adolescencia.

Lucena destacó especialmente la figura de su padre. Cuando tenía 14 años trabajaba con él en tareas rurales y sabía que su presencia era necesaria, pero a los 16 le planteó que quería irse a Mar del Plata durante el verano para buscar otras oportunidades. La respuesta de su padre fue una de las primeras grandes muestras de confianza que recibió: “Andá, te va a ir bien”.

Con una pequeña valija partió rumbo a Mar del Plata. Allí comenzó trabajando en hoteles y restaurantes, lavando platos y viviendo en una pensión que pagaba día a día. Fueron tiempos de frío, dificultades y algunas necesidades, pero también de aprendizaje.

“Si salí, voy a volver mejor”, recordó que pensaba. Esa determinación lo llevó a capacitarse, realizar cursos de marketing y mercadeo y buscar nuevas posibilidades. Después del servicio militar, su camino continuó en Buenos Aires.

San Telmo y el salto hacia el mundo del espectáculo

En San Telmo encontró una de las etapas más importantes de su vida. Comenzó a trabajar en el restaurante-show Michelangelo, donde rápidamente pasó de mozo a jefe de salón y luego a gerente general de marketing.

El trabajo lo puso en contacto con el turismo y con numerosas personalidades del espectáculo. También le permitió recorrer hoteles de Buenos Aires para promocionar el establecimiento y desarrollar una red de contactos que, con el tiempo, abriría nuevas puertas.

Lucena recordó aquella etapa como un momento en el que comprendió que podía crecer profesionalmente a partir de la preparación y el esfuerzo. Entre las personas que conoció mencionó a Moria Casán y a distintos artistas vinculados al tango y al espectáculo porteño.

Su premisa, explicó, siempre fue la misma: prepararse para hacer bien aquello que le tocara hacer. “Si me preparo, nadie me va a poder cuestionar mi trabajo”, sintetizó.

Fue también en esa etapa cuando conoció a quien sería su esposa, una mujer puertorriqueña que había llegado a Buenos Aires como turista. Después de varios viajes y más de dos años de relación, decidieron casarse y Lucena viajó a Puerto Rico. Tenía alrededor de 30 años y pensaba que sería una experiencia de algunos años. Finalmente, se convirtió en casi cuatro décadas de vida.

Puerto Rico, una nueva vida y el mundo de los artistas

Al llegar a la llamada Isla del Encanto, Lucena volvió a aplicar la fórmula que había construido durante sus años anteriores: trabajar, prepararse, aprovechar las oportunidades y mantener la disciplina.

En Puerto Rico formó una revista musical, Olé Latino Show, que mantuvo durante cinco años y que le permitió ingresar de lleno al mundo artístico. A partir de allí comenzó a trabajar con actores y artistas, participar en producciones y ampliar sus contactos profesionales.

Su trayectoria lo llevó a relacionarse profesionalmente con figuras como Gloria y Emilio Estefan, John Secada y distintos artistas latinoamericanos. También trabajó con actores que participaron en producciones televisivas internacionales y llegó a producir 14 obras de teatro en Puerto Rico.

Uno de los capítulos que recuerda con especial orgullo fue el trabajo realizado en Brasil en 2004 con una nueva formación de Menudo. Lucena estuvo al frente del proyecto como manager y logró concretar 57 presentaciones entre agosto y diciembre de aquel año.

También tuvo experiencias profesionales en Ecuador, México y otros países, además de viajes vinculados al trabajo por Europa.

“Puerto Rico me abrió unas puertas que jamás me imaginé”, reconoció.

A lo largo de los años, Lucena fue construyendo una identidad profesional vinculada a la producción, el manejo de artistas y la búsqueda de nuevos talentos. Para él, una de las claves siempre fue saber reconocer las capacidades de una persona y apostar por ellas.

“No sé dirigir, pero sí sé elegir”, explicó al referirse a su trabajo como productor.

Una segunda patria sin dejar atrás las raíces

Lo que comenzó como una aventura terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. Lucena reconoce a Puerto Rico como su “segunda patria”, porque allí encontró oportunidades, construyó una familia y desarrolló una carrera profesional.

Sin embargo, nunca dejó atrás sus raíces argentinas. Mantiene el gusto por el asado, el mate, el fútbol y, especialmente, el vínculo con Santa Regina.

Cada regreso al pueblo tiene para él una carga emocional especial. En sus últimas visitas compartió días con familiares y amigos, y aseguró que estuvo cerca de prolongar su estadía porque se sintió nuevamente en casa.

Entre esos vínculos mencionó a su hermana Marta, a su hermano Walter Lucena, a Alejandro Romero y su familia, a Emiliano y especialmente a su amigo Miguel Oga, a quien destacó por los asados y por la compañía durante sus visitas.

“Santa Regina está en mi corazón”, afirmó

También habló del costo emocional de emigrar. La distancia le permitió construir una vida que valora profundamente, pero significó perder momentos junto a sus padres. Su madre pudo visitarlo dos veces en Puerto Rico; su padre nunca pudo hacerlo.

“Ese es el precio de la inmigración”, reflexionó.

Por eso, si pudiera encontrarse con aquel adolescente que a los 16 años dejó Santa Regina, hay algo que le diría: que hubiera querido estar más presente para sus padres.

A los 71, los sueños siguen

Lucena asegura que todavía tiene proyectos y, sobre todo, ganas de seguir aprendiendo. Para él, una de las claves de la vida consiste en no asumir nunca que ya se sabe todo.

También quiere seguir ayudando a personas con talento que no encuentran oportunidades, utilizando los contactos construidos durante décadas para darles ese primer impulso que les permita desarrollar una carrera.

“Querer es poder, pero hay que prepararse”, sostuvo.

A los 71 años, Roberto “Beto” Lucena sigue pensando en nuevos desafíos y en continuar trabajando con artistas y talentos. Su historia comenzó en un pequeño pueblo del Partido de General Villegas y terminó llevándolo a escenarios, hoteles, productoras y ciudades de distintos países.

Pero la distancia nunca borró el origen.

Santa Regina aparece en sus recuerdos, en sus costumbres, en los valores que atribuye a sus padres y en la emoción que siente cada vez que vuelve a pisar el pueblo.

Su recorrido muestra que emigrar puede significar construir una vida lejos, pero no necesariamente dejar atrás el lugar del que se partió. Porque hay raíces que permanecen, aun cuando entre ellas y quien las recuerda haya miles de kilómetros de distancia.

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