Los compañeros de un viejo macho caído velan sus despojos durante siete días, las razones de esa ceremonia permanecen en el misterio, el extraño rito fúnebre ocurrió en el desierto de Kalahari, en Botswana, durante la estación seca cuando el agua es escasa y los animales se disputan el acceso a las fuentes.
Durante varios meses se siguió a un viejo elefante observando con intervalos de pocos días, podía tener más de 50 años y no tenía nombre, con colmillos notables, se le notaban dos heridas cerca de su oreja izquierda (sangraba) y rara vez se alejaba del ojo de agua, por fin caído yacía en las arenas grises del Kalahari, muy quieto en el suelo “como en paz”.
Los otros elefantes se le acercaban con prudencia y suavidad olfateando cada centímetro del hermano caído, solidarios, tratan de levantarlo, empujando con sus trompas y sus colmillos al congénere caído, incluso observan y una y otra vez tratan que se levante el hermano muerto. Se coincide en señalar a los elefantes una especie de gran sensibilidad, éstos enfrentan hoy la seria amenaza de las armas de fuego de alto poder por los cazadores furtivos por el marfil, por la agricultura, grandes desmontes, tierras vírgenes que desaparecen a velocidad increíble.
Para salvar a los elefantes hace falta una «meditada» acción sensible planificada de los gobiernos de Asia, India, Tailandia, otros… con importante reunión internacional de animales en peligro de extinción.
Ya nunca más elefantes en los circos, para siempre.
Los mastodontes de India y Tailandia, largas caminatas, trabajos forzados, superando obstáculos con altas temperaturas (los turistas observan felices, lo que hacen los verdugos).
Los comienzos cuando el general cartaginés Aníbal (guerras púnicas) enfrentó sitiando al imperio romano 218 A.C., con su ejército a lomos de elefantes, como si fueran Panzer alemanes cruzando el desierto.
Conocer la historia sirve para no repetirla, no olvidar lo que aconteció en el Jardín Zoológico de Buenos Aires, hace 83 años un 19 de mayo 1.943 a las 13 horas, el gran elefante macho Dahlia estaba sin control, a punto de romper la cerca de hierro, se evacuó el paseo. El entonces director, Sr. Adolfo María Holmberg, ordenó fusilarlo de frente a Dahlia. Más de 30 disparos de máuser, al cabo de una hora se acabó su ira, su aliento. A las 15.01 el último proyectil impactó en su ojo izquierdo, el animal comenzó a arrodillarse quedando como si estuviera en actitud de reposo, su único desacato había sido expresar su naturaleza de macho (la crisis de musth), síndrome hormonal que aumenta los pulsos reproductivos. Triste final de Dahlia.
No olvidar, un impune y fuera de la ley. Fue el Rey Juan Carlos de España, sus safaris de caza mayor cazando y matando elefantes en Botswana. Con una fractura de cadera a los 74 años -2012- dejó sus “safaris”.
“Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha”. (Víctor Hugo)
