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Educación Financiera y Finanzas Personales | Por Omar Emin*

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Existen personas con educación financiera y manejo adecuado de sus finanzas personales (Imagen generada con IA)

«El dinero no hace la felicidad, pero te deja elegir la clase de espectacular tristeza que te guste» (Groucho Marx)

«Curso de Educación Financiera en dos pasos»: «1. No gaste más de lo que puede», «2. Deje de pedir prestado» (escuchado por ahí)

«La herencia es un error de cálculo» (Franco Modigliani)

«De acuerdo con los analistas, el futuro será exactamente igual al pasado; solo que más caro» (Mel Brooks)

«Si crees que no eres importante para nadie en esta vida, intenta no pagar un mes la tarjeta de crédito» (George Carlin)

«El dinero sin tiempo libre no tiene valor y el tiempo libre sin dinero no tiene sentido» (Warren Buffett)

A la luz de los últimos acontecimientos, donde una cantidad considerable de ciudadanos se han movilizado en rechazo al «creciente endeudamiento familiar» y contra «las altas tasas de interés aplicables a los créditos tomados», consideré desarrollar algunos conceptos sobre el tema.

A pesar de que los lugares y centros vacacionales y la afluencia de gente a los mismos parecen desmentir esta situación, así como la cantidad de vehículos circulando («dando vueltas…»), aún con los valores actuales del combustible, durante este mes y motorizados por organizaciones sociales, periodistas, políticos y sindicatos (cuando no), algunos ciudadanos llevaron a cabo protestas a causa de su endeudamiento «con propósitos de subsistencia», aplicación de tasas de interés «exorbitantes», exigiendo la intervención estatal (¿¿¡¡!!??) ante el aumento de la morosidad.

En realidad, esta situación comenzó a gestarse hace ya algún tiempo, aunque ahora se ven las consecuencias, cuando las billeteras virtuales y los bancos, en competencia por porciones del mercado financiero, relajaron los controles para el otorgamiento de créditos, ya fueran estos en dinero o a través de la entrega de una tarjeta de crédito «sin costo por seis meses». O sea, entregaron sumas de dinero y/o tarjetas de crédito a personas sin efectuar las evaluaciones crediticias con el rigor que debieran haberlo hecho. Esto no ocurría en estos niveles únicamente porque el manejo del dinero a ser prestado estaba solo en manos de los bancos que tenían (o tienen) empleados, inmuebles, expansión geográfica (sucursales en diferentes lugares); es decir, una estructura que genera costos que deben ser solventados sin tener altos niveles de incobrabilidad. Al aparecer la banca electrónica con mucho menores costos y la misma o mayor extensión geográfica, pudo bajar el nivel de los requisitos para obtener un crédito y tener niveles de incobrabilidad más altos que antes, aun ganando dinero. Si además pensamos que este accionar quitaba clientes a la banca tradicional, esto obligó a los bancos a «aflojar» también los requerimientos para la obtención de un crédito.

Las personas que ingresaron a este mercado -para ellos totalmente nuevo- tenían poca o ninguna educación financiera, además de no tener idea de cómo funciona el sistema financiero, aunque sea en términos genéricos y superficiales.

Existen personas con educación financiera y manejo adecuado de sus finanzas personales; otras carecen de educación financiera, si bien aplican algunos principios de la misma más por cuestiones prácticas o heredadas que por conocimientos adquiridos, y eso les permite manejar sus finanzas personales; y, por último (y en el fondo de la lata), están quienes no poseen ninguna educación financiera (algunos en este grupo creen que sí y que todo les fracasa por algo no relacionado con su accionar) y manejan de pésima manera sus finanzas personales. Esta última categoría es quien ingresó mayoritariamente al mercado financiero y se benefició con la laxitud de las reglas para acceder a un crédito u obtener una tarjeta de crédito. Las consecuencias están a la vista.

Se quejan de las altas tasas de interés del sistema, cuando quienes obligan a aumentar las tasas son las mismas personas que no cumplen con sus obligaciones; o sea, las que no pagan. Esta circunstancia genera un grave perjuicio a quienes cumplen con sus obligaciones, puesto que las «tasas exorbitantes» son pagadas por los sujetos cumplidores. No he tenido noticias acerca de la existencia de tasas especiales para cumplidores.

Toda vez que hay un sinceramiento de la economía (y eso votó la gente en 2023), hay que ajustar la vida hogareña; excepto los políticos que creen que el dinero crece en los árboles, el resto de la población tiene que hacer lo mismo: ajustar. Lo último que había que hacer era expandir el gasto (gastar más); cualquier persona medianamente instruida sabía que los servicios públicos iban a aumentar, incrementando el gasto de los hogares. La pregunta a estas alturas es: ¿en base a qué expectativas de ingreso se hicieron esos gastos? Respuesta: a ninguna, porque falta educación financiera. En cambio, pensaron que borrando la app a través de la cual habían obtenido el préstamo solucionaban todos los problemas. Otra de las razones que potencian este fenómeno y de las que no se habla absolutamente nada es el auge del juego en línea, que funciona con el siguiente algoritmo: préstamo «online» es igual a más dinero para apostar «online».

Debemos recordar que, en los tiempos actuales, nos encontramos sujetos a cambios estructurales significativos, a la conversión de una gran cantidad de variables tal cual las conocíamos, debido al avance de la tecnología, y esas circunstancias impactan sobre los trabajos y, por lógica consecuencia, sobre los ingresos de las personas.

Quien hace uso del capital ajeno necesariamente debe pagar intereses al dueño de ese capital; si no quiere pagar intereses, que no utilice capital ajeno.

Como plan de emergencia de reducción de gastos y antes de convertirse en un patético instrumento de sindicalistas, políticos y agitadores varios, deberían ser analizados los siguientes conceptos o responder a algunos de los interrogantes que se detallan a continuación:

  • ¿Cuántos miembros de la familia generan ingresos?
  • Efectuar un control de los útiles escolares (compras, extravíos).
  • Efectuar un control de las compras en línea (¿se compra impulsivamente sin importar la necesidad o para aprovechar una oferta?).
  • Eliminar las apuestas en línea.
  • Efectuar un control del consumo de gas y energía eléctrica.
  • ¿Tenemos un vehículo más caro que el necesario? (reparaciones, patentes, seguros).
  • ¿Compramos cosas para impresionar a otros o alardear?
  • ¿Controlamos el uso de la tarjeta de crédito y sus extensiones?
  • ¿Estamos cambiando el teléfono celular por tendencia o imitando a otros?

En general, debería entenderse qué cosas pueden ser adquiridas (bienes o servicios) con los ingresos familiares, analizando los gastos para ver si estos pueden ser reducidos o, en su caso, eliminados; si el resultado de esta ecuación nos da que somos pobres o más pobres que antes, pensemos en generar más ingresos o, de no ser posible, mantenernos en una posición equilibrada entre ingresos y gastos.

Como último consejo, la información para armar un plan financiero está disponible y en forma gratuita; solo hay que reenfocar el uso de las redes para aprender cosas y no tomarlas solo como elemento de distracción.

Este texto fue generado por un humano.

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