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ACA vs. ACTC: soluciones | Por José Luis Vázquez*

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El enfrentamiento entre el ACA y la ACTC mantiene abierto el debate sobre la organización y el futuro del automovilismo argentino.

Hace algunos días se publicó una columna, en este diario, sobre un duelo entre el Automóvil Club Argentino y la Asociación Corredores del Turismo Carretera. Creo que todos los seguidores de este deporte, incluido quien escribe, esperaban que a fines de agosto se llegara a un acuerdo que diera por terminada la guerra.

Para desgracia de todos los fanáticos, no hubo acuerdo en un tema muy importante: las licencias deportivas. El ACA es el único que emite las respectivas licencias para que un piloto argentino pueda correr en una categoría internacional, y la ACTC esperaba recibir autorización para también otorgarlas a los pilotos que compiten bajo su órbita. Por desgracia, eso no sucedió y todo volvió a foja cero.

Luego llegaron las acusaciones. La ACTC, según su presidente, Hugo Mazzacane, maneja más del 90 por ciento de las categorías de autos, en tanto que César Carman, al frente del ACA, sostiene que esta es la única entidad que avala la FIA (Federación Internacional del Automóvil) para organizar carreras. Por eso, la situación no parece que vaya a mejorar en el corto plazo. Las relaciones se han enfriado y llevará tiempo intentar encauzar al automovilismo nacional, que es el deporte más importante de la Argentina después del fútbol.

Luego de esta breve reseña, las soluciones que se le ocurren a este columnista, y que espero que también compartan muchos amantes de este deporte, pasan por los siguientes escenarios.

Por el lado del ACA, los escenarios serían dos. El primero: entregar a la ACTC todas las categorías que tiene bajo su control, con lo cual podría quedar libre de todo. Esa opción la veo muy difícil, ya que prácticamente entregaría todo lo que le queda y perdería credibilidad ante los organismos internacionales.

La otra sería mantener y resistir con lo que tiene. Si bien es arriesgada, es una opción que le daría continuidad e incluso, de mantenerse en esa posición, podría permitirle recuperar parte de la vitalidad que ha ido perdiendo. Claro que esto dependerá de lo que hagan los dirigentes y Diego Levy, quien, con su empresa Tango Sports, se encarga de regentear todas las categorías del ACA.

En tanto, la ACTC también tiene dos escenarios: unificar categorías promocionales, ya que hay pocos pilotos, para hacerlas más fuertes y lograr campeonatos más entretenidos, con más competidores; o comenzar a limitar los ascensos entre categorías, haciendo más difícil la escalera para llegar al Turismo Carretera. Esta categoría tiene un promedio de 50 pilotos por fecha, mientras que las teloneras apenas llegan a 20 participantes, como el TC Pista, por poner un ejemplo.

De hecho, solo el Turismo Pista, con sus tres clases, puede convocar a más de 100 pilotos. Esto se explica por los bajos costos y por el uso de dos tipos de motores: Fiat para las clases 1 y 2, y Audi para la Clase 3. Por su parte, el Turismo Nacional APAT puede reunir hasta 60 autos y, por ahora, utiliza motores de las marcas con las que corre.

También existe una tercera opción: un cambio en la dirigencia de la ACTC por una nueva conducción, más conciliadora con el ACA.

En fin, se pueden proponer soluciones. Estas son, a mi juicio, las que podrían ayudar a que esta crisis termine lo más rápido posible. Cuanto más se tarde en solucionar este inconveniente, menos ganas tendrá la gente de ir a las carreras y más preferirá verlas por televisión.

Así, la grieta seguirá firme en este deporte hasta que, finalmente, las partes en pugna terminen con esta lucha infantil, en la que no hay ningún beneficiado. Pierden todos: tanto las organizaciones como los espectadores, que terminan siendo rehenes de este enfrentamiento inútil.

* El autor es abogado.

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