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El Gato Méndez: el comerciante, militante y apasionado de Atlético que dejó una huella en General Villegas

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Una postal del recordado almacen de la calle Belgrano

La columna de “Goyo, el memorioso” volvió a rescatar en Actualidad la historia de uno de esos personajes que forman parte de la identidad de General Villegas. En esta oportunidad, el homenaje estuvo dedicado a Antonio Alfonso Méndez, más conocido por todos como “El Gato” Méndez, un vecino recordado por su actividad comercial, su compromiso político, su amor por Atlético Villegas y su permanente vocación de servicio.

Hijo de Antonio Méndez, oriundo de Cangas del Narcea, en Asturias, y de Leonor Seco, nacida en Santander, Antonio nació en 1925 y creció en una familia que tuvo una fuerte presencia en la comunidad villeguense. Junto a sus hermanos Pepe, Delia y Mario, formó parte de una generación profundamente vinculada a las instituciones deportivas y sociales de la ciudad.

El antiguo almacen y bar de su padre tenía una particularidad muy especial, ademas de la cancha de bochas, en el fondo las riñas de gallos seducían a los parroquianos.

Desde joven trabajó en distintos rubros. Pasó por una sodería, tuvo tareas en la Cooperativa y más tarde se incorporó al histórico almacén familiar ubicado sobre calle Belgrano, conocido por varias generaciones de vecinos. Allí desarrolló gran parte de su vida laboral y se convirtió en una figura cotidiana para quienes transitaban el barrio.

El origen de un apodo que lo acompañó toda la vida

Uno de los aspectos más curiosos de su historia es el nacimiento de su sobrenombre. Según recordó Goyo, Antonio no se destacaba precisamente por sus condiciones futbolísticas. Sin embargo, un día fue convocado de urgencia para completar un equipo cuando se encontraba usando botas. A partir de aquella escena y la asociación con el popular personaje “El Gato con Botas”, comenzó a ser llamado simplemente “El Gato”, un apodo que terminaría reemplazando casi por completo a su nombre.

Más allá de las anécdotas, Méndez construyó una personalidad muy reconocida en la ciudad. Era un ferviente simpatizante del justicialismo, hincha de Independiente y un apasionado seguidor de Atlético Villegas, institución a la que acompañó durante toda su vida. También era un fanático del automovilismo y especialmente de Chevrolet.

Una historia de amor nacida entre la iglesia y las tradiciones de pueblo

La vida de Antonio estuvo marcada por su relación con Catalina Frolik, una joven de origen checoslovaco cuya familia había llegado a General Villegas vinculada al trabajo en el Molino Fénix.

La historia cuenta que Méndez comenzó a interesarse por ella cuando la veía pasar rumbo a misa. Existen distintas versiones sobre el momento exacto en que se conocieron: algunos sostienen que fue cuando Antonio le alcanzó un pañuelo que se le había caído en la iglesia; otros afirman que el encuentro ocurrió durante el velorio del Padre Panacea.

Lo cierto es que esa relación prosperó. Se conococieron en 1948, se casaron en 1951 y compartieron 65 años de vida juntos.

La pareja tuvo cuatro hijos: Fernando, quien falleció siendo muy pequeño; Juan Carlos, conocido por todos como “Caco”; Leonor y Ana.

Catalina Frolik y Antonio «Gato» Méndez, toda la vida, juntos a la par

Una familia comprometida con la comunidad

Durante la columna radial también hubo un reconocimiento especial para Catalina, recordada como una docente ejemplar que dedicó gran parte de su vida a la educación. Su labor en distintas escuelas del distrito dejó una marca profunda en numerosas generaciones de alumnos.

Goyo destacó además el espíritu solidario que compartían Antonio y Catalina. En distintas etapas de sus vidas abrieron las puertas de su hogar para acompañar a niños y jóvenes que atravesaban situaciones difíciles, ofreciéndoles contención, afecto y ayuda. “Eran personas que siempre estaban dispuestas a tender una mano”, resumió.

La pasión por el automovilismo y Atlético

Entre los recuerdos más entrañables apareció también su fanatismo por el Turismo Carretera. Durante años integró grupos de amigos que viajaban a distintas ciudades para seguir las competencias. Su ídolo era Emilio Satriano, uno de los grandes referentes de Chevrolet.

Incluso, una anécdota familiar cuenta que en un Día del Padre recibió una llamada telefónica del propio Satriano, gestionada por su hijo Caco desde un autódromo. La emoción de aquel breve diálogo quedó grabada para siempre en la memoria de la familia.

Pero si hubo una institución que ocupó un lugar central en su vida fue Atlético Villegas. Participó activamente como hincha, colaborador y hasta árbitro en una época muy diferente a la actual.

Antonio Méndez, el mas pequeño junto a sus hermanos Mario, Delia, Pepe y sus padres, Leonor y Antonio

La anécdota del revólver que quedó en la historia

Entre las numerosas historias que rodean a El Gato Méndez, una de las más recordadas ocurrió durante un partido disputado en Ameghino.

En aquellos años era habitual que el árbitro fuera aportado por el equipo visitante. Méndez dirigía el encuentro cuando una serie de fallos polémicos generó el enojo del público local.

La situación se descontroló y los hinchas ingresaron al campo de juego. En medio de la tensión, Méndez mostró un revólver que llevaba consigo, una costumbre que mantenía por sentirse más seguro en aquellos tiempos donde no existían alambrados ni medidas de seguridad modernas.

La escena terminó con el árbitro refugiado junto a los jugadores dentro del colectivo visitante, mientras los simpatizantes intentaban impedir la salida del vehículo. Finalmente, algunos disparos al aire permitieron despejar el camino y el contingente regresó a General Villegas.

La anécdota, transmitida durante décadas de boca en boca, forma parte del folklore deportivo local.

Un vecino que permanece en la memoria colectiva

Goyo definió a Antonio Méndez como un hombre profundamente familiero, comprometido con sus amigos, sus ideales y las instituciones que amaba.

Su paso por la política, el comercio, el deporte y la vida social de General Villegas hizo que su nombre quedara asociado a una época y a una manera de vivir la comunidad. Su llama se apagó en 2016 pero sus andanzas y su vida apasionada sigue dando que hablar.

Por eso, décadas después, “El Gato” Méndez continúa ocupando un lugar en la memoria de quienes lo conocieron y compartieron con él una parte de la historia villeguense.

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