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miércoles, 30 septiembre, 2020

La Facultad de Agronomía presentó los mapas de la sequía: Podrían agravarse el próximo trimestre

Hay intensas condiciones de sequía en gran parte de la Argentina. Como no llueve lo suficiente, los suelos siguen perdiendo humedad. Es un panorama preocupante, ya que los pronósticos para el próximo trimestre indican que las precipitaciones serían inferiores a lo normal y las temperaturas superiores a las medias.

Este panorama, que ya compromete cultivos en las provincias del norte y preocupa en la zona núcleo con vista a la siembra de los cultivos de verano, fue abordado por expertos de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) en un informe construido a partir de nuevas herramientas tecnológicas para medir este fenómeno.

Según un informe elaborado por la cátedra de Climatología y Fenología Agrícolas de la Fauba, “Sobre el fin de agosto continúa la falta de lluvias en gran parte del territorio, salvo en el extremo norte de la Mesopotamia. Esto favorece el desecamiento progresivo de los perfiles del suelo, excepto en el este de la provincia de Buenos Aires, donde la humedad edáfica se mantiene aún en niveles adecuados”.

Sobre este panorama, Adela Veliz, docente de esa cátedra, agregó que “en Córdoba a la deficiencia hídrica hay que sumarle la ocurrencia de heladas intensas, lo que resulta en un escenario muy desfavorable para el trigo. Además, a pocos días de comenzar la campaña gruesa, en gran parte del área agrícola tiene lugar un déficit hídrico marcado en los primeros centímetros del suelo”.

 

Veliz, coautora del informe con María Elena Fernández Long y Liliana Spescha, dijo que “se puede ver la evolución del almacenaje de agua en el suelo -tomando el perfil de un metro de profundidad- en Córdoba, donde se advierte que ya se encuentra por debajo del punto de marchitez permanente”.

En cambio, en la localidad de Tres Arroyos, que es triguera por excelencia, el suelo se mantiene cercano a la capacidad de campo, lo que redunda en una muy buena condición para el cereal”.

Veliz explicó que el contenido de agua en el suelo en los mapas del informe se estimaron con el modelo BHOA y que, la información sobre las condiciones de sequía se calcularon a partir del índice ISBI, desarrollado por la mencionada cátedra.

Fernández Long comentó que “hasta hace un tiempo, el BHOA trabajaba a partir de los datos de precipitación que registra el Servicio Meteorológico Nacional en todo el país. El problema era que la red de estaciones es poco densa, y para poder contar con estimaciones del agua en el suelo más detalladas para toda la Argentina comenzamos a ‘alimentar’ el modelo con datos de precipitación que calcula la NASA en base a imágenes satelitales del Proyecto IMERG. Esto nos vino perfecto en este momento particular en el que era necesario desarrollar un índice de sequía. Así nació el ISBI”.

La investigadora destacó que una ventaja del ISBI (o Índice de Sequía BHOA IMERG) es que no sólo calcula el contenido de agua instantáneo en el perfil de suelo para un punto determinado, sino que permite comparar este valor con los datos históricos de los últimos 20 años para ese mismo punto. Esa información llega a la FAUBA en el marco de un convenio con el Servicio Meteorológico.

“Ahora al mirar la historia del contenido de agua en el suelo con el ISBI vemos claramente las zonas que están en sequía. Por ejemplo, es interesante destacar que si bien normalmente en Córdoba hay poca agua en el suelo en esta época, hoy hay mucho menos. Y en varias zonas de Córdoba, Formosa y el Chaco están ocurriendo casos de sequias extremas, con valores de agua en el suelo nunca antes registrados desde el 2000 al presente”, alertó Fernández Long.

“La necesidad de este índice —agregó— surge a partir del Protocolo Nacional de Sequías, en el cual represento a la FAUBA desde hace años. En este protocolo hay mucha necesidad de índices de este tipo. Si bien el ISBI es un índice más a tener en cuenta. No es el único, pero creo que será clave porque brinda mucha información”.

En el marco de este escenario desfavorable, es clave considerar el pronóstico elaborado por el Servicio Meteorológico Nacional y otros organismos oficiales -entre ellos, la cátedra de Climatología y Fenología Agrícolas de la Fauba-.

Para el trimestre septiembre-octubre-noviembre (cuadro de abajo) se indican precipitaciones inferiores a lo normal en gran parte del país, excepto en el sudoeste de la Región Pampeana y el sur de la Patagonia, donde se espera que se ocurran dentro de los valores normales. Por su parte, las temperaturas estarían dentro de los valores normales en el oeste y el sur de la Patagonia, y en el resto del territorio serían superiores a lo normal.

En relación con el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur, Adela Veliz señaló que según el informe del International Research Institute for Climate and Society publicado a mediados a mediados de agosto, los modelos dinámicos y estadísticos indican, en promedio, un 57% de probabilidad de desarrollo de una Niña en el trimestre septiembre-octubre-noviembre.

“Estas condiciones de La Niña se observan cuando existe una anomalía negativa en la temperatura de la superficie del mar de -0,5 °C o menos en un período de un mes en la región del Niño-3.4 del Océano Pacífico ecuatorial (5° N – 5° S; 120° O – 170° O)”, explicó la investigadora.

De acuerdo con las condiciones actuales de sequía y los focos de incendio registrados en departamentos del norte de la provincia de Córdoba, Adela Veliz puntualizó que en lo que va de agosto de este año se registró el triple de focos que en el mismo mes del año pasado y casi el doble de los registrados en 2013, que fue el año de más focos entre 2012 y 2019.

“No sólo Córdoba se ve afectada por los incendios. El reporte del Servicio Nacional de Manejo del Fuego muestra que, al 27 de agosto, son 9 las provincias afectadas por incendios en nuestro país: Salta, Catamarca, La Rioja, Córdoba, Santa Fe, Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Buenos Aires. En el Delta de Paraná hay 198.863,25 hectáreas afectadas por el fuego y en Córdoba 7.026. El 95% de los incendios forestales se producen por la intervención del ser humano, la falta de precipitaciones, las temperaturas elevadas, el bajo porcentaje de humedad, las heladas constantes y los vientos fuertes. Todo esto ayuda a que el fuego se propague”, cerró Veliz. (Bichos de Campo)